"El infiltrado del KKKlan", el poder negro del cine

  • "El infiltrado del KKKlan", el poder negro del cine

    Foto. Cortesía | MNE

Continúa la 65 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca y este martes 20 de noviembre se presenta el filme "El infiltrado del KKKlan", del célebre director estadounidense Spike Lee.

Se trata de un thriller con mucho humor, pero también puede ser una comedia negra (literal) de acción, o mejor debería considerársele como una sátira que hace una dura crítica al racismo histórico de los Estados Unidos, pero más todavía, al que recién están viviendo bajo el gobierno de Donald Trump.

Spike Lee es un director provocativo, podríamos decir que su equivalente en México sería Luis Estrada, así que, amable lectora, lector, podrá imaginar qué tipo de cine hace este afroamericano.

 

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Lee se vale de un hecho verídico, sí, para contar su historia, pero también para darle sus empellones al pensamiento supremacista blanco que, por increíble que parezca, todavía en nuestro tiempo subsiste y que podemos ver claramente en el triunfo del mandatario estadounidense.

El filme nos cuenta las peripecias del primer oficial de policía negro en Colorado Springs, en la década de los 70, Ron Stallworth (un estupendo John David Washington) quien pasa de trabajar en el departamento de archivo al de inteligencia, en donde encabezará una misión infiltrándose al famoso movimiento del Ku Klux Klan (KKK) en esa misma localidad.

Como dicta la lógica, resultaría imposible que un hombre de color pudiera siquiera acercarse a los blancos que se encapuchan en sus ceremonias aquelárricas de la quema de cruz, por lo que, la astucia de este policía, logra que uno de sus compañeros, Flip Zimmerman (un no menos talentoso Adam Driver), sea la parte visual, el contacto directo con el KKK, mientra que él es la parte virtual, la voz al otro lado del auricular, un recurso narrativo divertido en extremo. 

Pero más allá de la operación policial en la que se descubre un posible atentado en contra de la población negra, situación que sirve de hilo conductor, lo que permea sobremanera es el discurso político de Spike Lee a favor de la comunidad afrodescendiente y su lucha constante por combatir el racismo que sufren, precisamente esta comunidad, pero de pasadita también las demás minorías que viven en el vecino país del norte. 

Hay un momento antitético en una de las secuencias en el que Ron Stallworth habla por teléfono con uno de los miembros de Klan en donde, para congraciarse con el racista, le tunde en vituperios a las minorías norteamericanas habidas y por haber, incluso la mexicana, y el efecto que logra no es el de indignación en el espectador, por el contrario, éste se ríe de lo que está viendo y escuchando, señal de que el mensaje está penetrado de maravilla. Y así, a lo largo de la película, cada vez que Ron habla por teléfono es un auténtico pitorreo.

Otro momento en el que Spike Lee se descara a través de su propuesta, es durante un discurso del KKK, en donde, al calor de la arenga, se evocan las palabras de la campaña electoral de Donald Trump: "America first", Primero Estados Unidos.

Pero la crítica del director de "La hora 25" no sólo se conforma con cuestionar la política estadounidense, sino que también esta toca a su cine. Spike Lee sabe muy bien que el llamado séptimo arte es un vehículo para la ideología, ya sea para implantar, manipular o atacar una idea, y que esa ha sido una de las funciones del cine hollywoodense, principalmente, aunque, por regla, la intención siempre viene soterrada y pocas veces se evidencia.

Así, el director exhibe a una de las películas icónicas de la cinematografía estadounidense: "El nacimiento de una nación", de D. W. Griffith, sobre todo en las partes en que se muestra a la población negra como salvajes y criminales que hacen sufrir a las pobre damiselas blancas, en donde aparece, de manera heróica, el Ku Klux Klan como un grupo libertario que combatirá la peste negra.

Y justamente, aquí es donde Spike Lee yuxtapone su filme, pues existe un paralelismo entre estas secuencias críticas de la cinta de Griffith, con la trama de la película misma en donde vemos a los dos agentes infiltrados en las correrías cotidianas del grupo del KKK de Colorado.

Para rematar su discurso político, Lee hace un epílogo con las imágenes de la manifestación de Charlottesville del 2017, en la que grupos de extrema derecha de corte neonazi, marcharon por las calles de esta ciudad con la intención de unificar el movimiento nacionalista blanco, con resultados fatales cuando un fanático arrolló a una multitud que también se manifestaba en contra de esta protesta, en donde murió uno de ellos.

Se sabe de la respuesta ambigua del presidente Trump al no condenar a los supremacistas blancos y de cierta manera paliando su comportamiento al declarar que existe "el odio, el fanatismo y la violencia en muchos lados".

Por supuesto que es una película incómoda para Trump y su ideología anti-inmigrante, así como para aquellos que siguen discriminando por cuestión de raza o género. Y así como andan los ánimos en Hollywood en contra del presidente norteamericano, no dudemos que esta será una de las películas que estará en la siguiente entrega del Oscar como fuerte candidata.

Por ello, no puede perdérsela. Asista esta semana a la Cineteca, búsquela en las sedes del circuito de la Muestra o espérela próximamente en la cartelera comercial. No se arrepentirá.

 

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