"La casa de Jack", el camino al infierno de la perfección

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Este 16 de noviembre comienza la 65 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca y la película inaugural es nada más y nada menos que una del siempre polémico director danés, Lars von Trier: "La casa de Jack".

¿Matar es un acto de destrucción o una obra de arte?

Bajo esta premisa, esta cinta nos sacude con la historia de un asesino en serie, Jack (un genial y aterrador Matt Dillon), cuyo narcisismo y onanismo lo llevan a perfeccionar cada crimen que comete al grado de sublimar todo acto de crueldad a la categoría de arte.

 

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Como si se tratara del "Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu", Jack narra en voz en off y de manera aleatoria cinco de sus crímenes a un personaje que no podemos ver y del que sólo sabemos que se llama Verge (un estupendo  Bruno Ganz), al que vamos descubriendo que se trata de Virgilio en clara alusión u homenaje a la "Divina comedia" por parte de Lars von Trier.

Estos cinco relatos funcionan entonces como alegorías de los nueve círculos del infierno en los que Dante (Jack) es guiado por Virgilio y los horrores de los pecados que van descubriendo se pueden relacionar con las atrocidades de Jack, quien, además de encontrar placer en los asesinatos, encuentra un reto a su inteligencia y astucia cada vez que desciende un círculo, encontrando así desde el homicidio más absurdo hasta la más retorcida idea para un asesinato colectivo con una sola bala.

De ese calibre es lo que Lars von Trier nos muestra con este personaje sin escrúpulos, pero al mismo tiempo con una inteligencia superior al promedio y con un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) que trata de justificar sus actos, sin dejar de lado, por supuesto, la soberbia de alguien que se siente superior y por ende con el derecho de disponer de la vida de los semejantes.

Pero la cosa no para ahí, pues Jack trata de convencer a Verge que sus actos son guiados por un espíritu de perfección y sublimación que sólo se encuentran en el arte, y para reforzar este punto Von Trier se apoya de metáforas y alusiones directas de obras maestras de la plástica mundial como la recreación de "La barca de Dante", óleo pintado por Eugène Delacroix.

Para quien conozca el trabajo del director de "Anticristo" sabrá que la película no se puede quedar solamente en la charla de café entre Jack y Verge; ¡para nada! Los crímenes relatados son lo más verosímil hasta donde la ficción cinematográfica lo permite, algunos opinan que cae en el "gore", nosotros no lo pensamos así, pero también es cierto que no todo el mundo podría aguantar algunas de las escenas más crudas del filme, sobre todo aquellas que involucran sadismo o el asesinato de niños, por mucho que nuestro cerebro entienda que se trata de una ficción.

Pero, entonces, ¿de qué se está hablando en esta película?

Tal vez, estemos ante el filme más personal de Lars von Trier en donde, a la manera de su personaje, Jack, más bien, a través de él, como un alter-ego, el danés abre su pensamiento (no creemos que su corazón, aunque no dudamos que lo tenga) en temas que han sido su obsesión como la sexualidad y su represión social; o la religión y las ataduras morales que trae consigo.

En esta ocasión no pone a sus personajes principales en situaciones límites que los hacen actuar de una forma u otra, sino que aquí es su conciencia la que habla a través de su personaje no desde una situación límite, más bien desde afuera de ella; Jack se mueve de los contornos hacia adentro tratando de explicar sus actos, no como una justificación o expiación, sino como la síntesis de alguien que piensa que ha cumplido con su misión en esta vida, aunque esta sea la de eliminar a su prójimo; es la ley del más fuerte expresada en la lógica del asesino.

Por supuesto que el asunto está para discutirse y por lo mismo esta película, al igual que otras del mismo autor, ha dividido a la crítica y a la opinión pública que hasta el momento ha tenido la oportunidad de verla.

Para algunos es una obra maestra hablando de obras maestras; para otros, es un filme pretencioso que termina siendo una película de horror como muchas que corren en la cartelera comercial.

Pero si logramos ver más allá de la violencia explícita que no tiene piedad con el espectador, podremos distinguir una crítica, precisamente a esa violencia. 

Quizás para una sociedad como la mexicana que vive el horror del crimen día tras día, no sea tan grato ver en la ficción lo que en la realidad cotidiana apreciamos de una forma cercana y dolorosa, así que un director de cine venga y nos haga una especie de apología del crimen, pues no es del todo ameno.

Aun así, encontramos valor en esta obra porque, de cierta manera, Lars von Trier llama la atención -tal vez de una forma muy escandalosa- sobre un tema que las sociedades del mundo no han podido superar como individuos: la violencia y el miedo como mecanismo de control de las masas, y es ahí desde donde creemos se debe apreciar la cinta, que por supuesto, en la misma soberbia del director, carga con muchos pecados en su afán de encontrar la excelencia en su obra misma.

En nuestro caso creemos que no existe la perfección, ni en el arte, ni en la vida, ni en las religiones, mucho menos en la individualidad de las personas; sólo se trata de anhelos y aproximaciones y así es como tratamos de entender esta propuesta del director de "Melancolía": como una cinta y un director que aspiran a la perfección y que que se acercan más allá de lo que cualquier otro mortal pudiera lograr, sin embargo, no es perfecta.

Lo único cierto, disculpando el lugar común, es que este filme no dejará indiferente a nadie. Así que no se lo pierda.

 

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