"Museo", lo absurdo de ser mexicano

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¿Quién puede saber dónde empieza una idea? Es una de las preguntas que forman parte la estupenda película "Museo", segundo largometraje de Alonso Ruizpalacios, la cual cobra significado si nos la hacemos inmediatamente después de haber visto la cinta.

Entonces, la pregunta que uno se hace es: ¿dónde carajos empezó la idea de Ruizpalacios para hacer esta película? Las respuestas son tan infinitas como las referencias que podamos encontrar a lo largo de la película, que pueden ir desde tomar como pretexto la noticia del llamado "Robo del siglo", el perpetrado por dos jóvenes estudiantes de veterinaria nada menos que al Museo Nacional de Antropología, durante la Navidad de 1985; un recuerdo paterno que detona la imaginación o la firme convicción de realizar un trabajo que supere la mediocridad en la que navegan muchos profesionistas, entre ellos los cineastas.

Con esta convicción que puede rayar en lo obsesivo, Alonso Ruizpalacios se dio a la tarea de entregarnos una película que se acerca al teatro del absurdo, pues como refiere su propia concepción, éste tiene fuertes rasgos existencialistas y cuestiona la sociedad y al hombre. Además de que, a través del humor y la mitificación esconden una actitud muy exigente hacia su arte, donde la incoherencia, el disparate y lo ilógico son también rasgos muy representativos. 

 

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Y esto es precisamente lo que es "Museo", un alucín que rescata un acontecimiento histórico de relevancia, al mismo tiempo que estúpido, para hablar, no del hecho en sí, sino del carácter de un par de amigos que viven en un contexto determinado de una familia de clase media alta que vive en los suburbios, en Ciudad Satélite, quienes al parecer tienen todo para llevar sus vidas tranquilas, pero que en sus cabezas ronda un espíritu de insatisfacción que los llevará a cometer ese ilícito. Imaginen el cuadro: dos jóvenes "satelucos" universitarios, literalmente hijos de papi, planeando y ejecutando el atraco más grande al patrimonio nacional...

¡Qué huevos!, diríamos o ¡qué pendejos!

Ruizpalacios se aventura a explorar las motivaciones, ficticias, por supuesto de lo que pudo o no haber pasado por la cabeza de estos dos cómplices y en ese viaje, nos hace una crítica a nosotros como sociedad, de cómo nos vemos ante el espejo de la historia, de nuestra cultura y nuestras raíces, así como ante el reflejo de la familia y los amigos que elegimos, que al final de cuentas son elementos que nos dan identidad.

Pero también, de refilón, se lleva entre las patas a nuestras autoridades, tan patéticas a la hora de enfrentarse a un problema grande y serio como este robo. Hay que recordar que el hurto arqueológico se da unos meses después del trágico sismo del 19 de septiembre de 1985, donde el gobierno brilló por su ausencia, se apanicó y fue inoperante a la hora de enfrentarse al problema, y esto lo inferimos en esta película, pues basta con suponer el valor que en ese y en estos tiempos los gobernantes le dan a la cultura nacional, pues si dos connacionales inexpertos pudieron robarle así al país, qué podemos esperar de saqueadores profesionales que desde la conquista han pillado los tesoros de la nación y no sólo extranjeros, sino también aquellos que dicen gobernarnos y protegernos; esa crítica la encontramos aquí.

Como ya se apuntó, nosotros como sociedad también tenemos cola que nos pisen y Alonso Ruizpalacios nos reprocha, precisamente, la apatía e ignorancia voluntaria e involuntaria que tenemos ante nuestra cultura. Es muy significativa la secuencia donde se menciona que, después del robo, el Museo Nacional de Antropología registró un incremento en sus visitas, sólo para ver las vitrinas vacías; si eso no es absurdo, entonces quién sabe qué cosa sea.

Pero hay de absurdos a absurdos que, al parecer, Ruizpalacios se enfoca en mostrarnos aquellos que lastiman al pueblo, como aquel en el que se le arrebató, se le robó al pueblo de Coatlinchan el monolito llamado de Tlaloc que más bien representa a la deidad femenina de las aguas, Chalchiuhtlicue, en nombre de la Cultura (con mayúscula). 

Lo que nos hace pensar en varios de los saqueos que los gobiernos hacen a la nación en nombre del progreso, como ese que está a punto de hacerse con el mentado "Nuevo Aeropuerto", en donde se gesta otro despojo a la nación y al medio ambiente con el pretexto de modernidad y estabilidad financiera; seguramente en el futuro podremos beber y comer dinero.

"Museo" es una gran puesta en escena con unas actuaciones más que sobresalientes por parte de Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris como los dos jóvenes ladrones. El diseño de arte es también algo que hay que destacar pues sin duda, la película nos transporta de una manera empática a esos años en que la historia se narra.
No se la pierdan.
 

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