"Buscando", nuestras vidas en manos de internet

  • "Buscando", nuestras vidas en manos de internet

    Foto: Internet

El mundo ha cambiado y quizás demasiado, tanto que a veces nos cuesta aceptar que la era digital se encuentra inmersa, como un "Gran Hermano", en cada uno de los momentos de nuestra vida y lo irónico del asunto, es que somos nosotros mismos quienes alimentamos a ese ente virtual llamado internet al utilizar cualquier dispositivo y cualquier aplicación que tenga conexión a la red.

La huella digital en internet es el rastro que vamos dejando por los sitios que navegamos; las llamadas que hacemos utilizando la red; las búsquedas y correos electrónicos que tecleamos; las compras que realizamos; las publicaciones que subimos a nuestras redes sociales; las fotos y videos que colgamos que, aunque después nos arrepintamos de haber posteado algo y lo borremos, será muy difícil que desaparezca de la red.

Bajo este marco, el joven director debutante, Aneesh Chaganty, nos presenta "Buscando", una thriller (¿digital?) que, sin ser pionero, utiliza un lenguaje basado en las diversas pantallas digitales que utilizamos todos los días, desde Google, hasta las llamadas por "Face Time", pasando por las redes más populares hasta de las que desconocíamos su existencia, y con ello logra una película digna y disfrutable dentro del género policiaco.

 

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La premisa es simple: David Kim (John Cho) es un padre que tiene que lidiar con su hija adolescente, Margot (Michel La), tras de la muerte de la madre, pero todo se pone de cabeza cuando la hija desaparece, al parecer sin dejar rastro.

Como en cualquier caso de una desaparición, la policía de investigación comienza a indagar de manera minuciosa (no podemos presumir eso en México), pero después de varias horas no hay resultados, por lo que David, desesperado, empieza a investigar por su cuenta; primero en las redes sociales más populares que su hija utiliza para contactar a los posibles amigos que puedan aportar alguna información. 

Al no obtener respuestas, decide averiguar en la computadora personal de su pequeña y, como si fuera un hacker, comienza a descubrir que en realidad sabe muy poco de su hija.

Acostumbrados a que en este tipo de películas el crimen se vaya resolviendo conforme se encuentran pistas en las investigaciones de campo, aquí el director nos da una sacudida pues las pistas del caso se van descubriendo por la huella digital que Margot ha dejado a través de sus navegaciones en internet. 

Y aunque en la pantalla grande vemos un palimpsesto de pantallas y ventanas más pequeñas, tanto de celulares como de computadoras, esto no incomoda al espectador, quizás ya acostumbrado a abrir y cerrar pestañas, minimizarlas o maximizarlas a voluntad con un ritmo casi siempre vertiginoso, pues nuestros ojos se están acostumbrando a una especie de "zapping" mental que no da tiempo a la contemplación.

Paradojicamente, a pesar de este ritmo intenso, la película nos da el tiempo justo para captar mensajes de texto relevantes, detalles de algunas "pics" que se convierten en claves o videollamdas cuyo dramatismo, principalmente del protagonista, logran la verosimilutud necesaria para engancharnos a la historia.

Y como todo buen thriller, la cinta nos regala unas cuantas vueltas de tuerca que, hay que confesar, no las vimos venir, lo que hace que la experiencia, ya de por sí patidifusa, sea aún más sorprendente.

Pero, más allá de la emoción que nos pueda provocar esta película, de si el caso se resuelve o no, de que si encuentra o no a su hija,  ésta nos deja un par de reflexiones que tienen que ver, precisamente, con el uso o abuso que estamos haciendo del internet y sus múltiples plataformas que satisfacen diversas necesidades de nuestra cotidianidad.

Y no se trata de cerrar nuestras cuentas y convertirnos en ermitaños digitales, nada más alejado de la realidad que eso, pues la era digital, en pocos años, estará presente, todavía más, en el más mínimo detalle de nuestras actividades; no podemos ser invisibles en un mundo tan evidente. El asunto es que debemos utilizar los dispositivos digitales con responsabilidad y la mayor precaución posible.

Al mismo tiempo, debemos instruir a nuestros hijos a utilizar las redes con la cautela necesaria para que no sean blanco de los depredadores cibernéticos; ya bastante tenemos, aquí en nuestro país, con los que abundan en las calles.

Y en este sentido, va la segunda reflexión que nos deja la película: ¿qué tanto conocemos a nuestros hijos cuando las relaciones y las actividades interpersonales se remplazan por las digitales? Incluso entre la misma familia. Es algo que nos muestra el director Aneesh Chaganty: una relación padre-hija que en su mayoría se da mediante la comunicación digital y no cara a cara, de hecho, sólo un par de veces en toda la película, estos dos personajes se encuentran uno frente al otro. Y eso, puede ser el reflejo de muchas relaciones familiares. Ahí es a donde deberíamos voltear la atención.

Aunque "Buscando" no es la obra maestra del suspenso, es una película entretenida, distinta en su narrativa que difícilmente nos dejará indiferentes. Vale la pena pagar la entrada al cine, entendiendo que sólo se trata de un entretenimiento que nos brindará un buen sabor, mismo que estaremos rumiando algunos días, pero no más. 

 

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