"El día de la unión", las buenas intenciones que se derrumban

  • "El día de la unión", las buenas intenciones que se derrumban

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Este 19 de septiembre de 2018 se cumplen 33 años del fatídico terremoto de 1985 y un año del no menos trágico temblor del 2017, por lo que, a manera de homenaje a las víctimas y rescatistas, así como un ejercicio de la memoria, según su realizador, llega a las pantallas mexicanas la película de Kuno Becker, "El día de la unión", donde se recrea la sacudida que sufrió la Ciudad de México hace tres décadas.

La película está contada a partir del punto de vista de dos personajes principales, un periodista, interpretado por el mismo Kuno Becker, quien también escribió el guión, produjo y editó la cinta, el cual intenta rescatar a su hijo atrapado en el sótano del edificio derruido donde él trabaja; y en un taxista que se ve jalado por las circunstancias del sismo y toma la decisión de ayudar a las víctimas atrapadas entre los escombros; ahí es donde las vidas de estos personajes convergen por un fin común: ayudar a quien lo necesita.

El filme tiene buenas intenciones, sobre todo en la parte de preservar la memoria, porque pareciera que los mexicanos la tenemos corta respecto de las tragedias (naturales, sociales y políticas) que nos llegan a golpear y, tras el paso de algunos años, cuando las cosas retoman su curso "normal", nos olvidamos de las personas que sufrieron la desgracia de estos desastres y hacemos como que ya no existen.

 

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En este sentido, la película de Becker es efectiva, pues a la cinematografía nacional le hace mucha falta hablar de este tipo de acontecimientos, sobre todo tocar esos puntos que incomodan a las autoridades o al sector empresarial que, en el caso de un temblor y el derrumbe de una edificación mal construida, la corrupción tiene mucho que ver en la tragedia, por lo que se debe denunciar por todos los canales posibles, incluso la ficción cinematográfica, como lo hiciera con mucho acierto “7:19... La hora del temblor”.

Por desgracia, "El día de la unión" desaprovecha la oportunidad de ser un ejercicio crítico y opta por la recreación con fines de mero entretenimiento, manipulando las emociones del espectador para lograr que el público intente hacer conciencia, lo malo es que el melodrama pocas veces logra ser el mejor vehículo para formar crítica.

La película de Kuno Becker inicia bien, hasta cierto punto cumpliendo con la intención narrativa de presentar a sus personajes y encuentra su punto álgido y sin duda el mejor logrado, cuando, a las 7:19 horas del día 19 de septiembre de 1985, comienza a temblar.

Para el cine mexicano había sido complicado recrear en la pantalla la magnitud de este terremoto, el poderío con el que golpeó a cientos de edificaciones, muchas de ellas emblemáticas del imaginario urbano de esos años, por lo que las pocos películas al respecto se habían concentrado, visualmente, en la recreación telúrica de un espacio interior.

Pero "El día de lo unión" se avienta a mostrarlo en exteriores con la destrucción de edificios como el Hotel Regis o la Unidad Habitacional en Tlatelolco, así como el edificio donde el personaje principal trabaja, en donde vemos cómo el inmueble se va derrumbando por dentro.

Esta secuencia, la del terremoto, es la mejor lograda y suponemos que la más difícil y costosa para la producción que, por fortuna, queda a la altura de las exigencias fílmicas y cumple con su cometido de conmover al espectador; quien haya vivido o conocido de primera mano lo que un temblor como los de este tipo significa, seguramente su corazón y su alma se estrujarán. Dice la producción que esta recreación del sismo no le pide nada a los efectos visuales de Hollywood y quizás tenga razón. 

De esta manera, cuando Kuno Becker ya nos tiene agarrados del corazón, lo utiliza para seguir manipulando los sentimientos, y su viraje en la trama lo hace hacia el melodrama, ya no digamos telenovelero, sino hacia uno hollywoodense donde los lugares comunes, los clichés y los estereotipos llevan la voz cantante.

Como esos edificios que vemos en pantalla, la película de Kuno Becker, se va resquebrajando hasta llegar al derrumbe total con un discurso patriotero hacia el final de la cinta, situación que nos hace pensar que en lugar de llamarse "El día de la Unión", bien podría rebautizarse como "El día de la Independencia a la mexicana". 

Se nota tanto el afán del realizador por recordar que los mexicanos nos unimos en la desgracia que pierde la brújula y lleva la situación a los límites de lo caricaturezco, lo que, por más de que se traten de hechos reales, nos hace difícil creer la fábula que nos está contando, a parte de que el argumento se hace predecible después de la secuencia del terremoto.

Por lo mismo, el director desperdicia el talento nacional con nombres como el de Ximena Ayala (muy desaprovechada), Armando Hernández, Harold Torres, Gustavo Sánchez Parra, Mario Zaragoza y Álvaro Guerrero, quienes se quedan en meros esbozos de personajes que pudieron ser relevantes, incluido un villano que intenta representar la corrupción institucional, pero ni siquiera a eso llega.

Esto tiene que ver con el protagonismo que Kuno Becker se da a sí mismo, tanto delante como detrás de cámara, pues él es el héroe que intenta a rescatar a su hijo de entre los escombros, lo que lo hace caer en inconsistencias argumentales y narrativas, de la misma forma que el personaje de su esposa (Aurora Papile), que no le aporta nada dramáticamente a la historia, al contrario, su actuación, como esos mirones que no ayudan en un acontecimiento como este, solamente estorba. 

No puedes creer que una madre, con un hijo atrapado, no se conmueva y no transmita esos sentimientos que vimos con los familiares de las víctimas apenas hace un año.

La película no profundiza más allá de la anécdota del rescate del hijo y de unos cuantos flashazos del sufrimiento de las víctimas del terremoto y la solidaridad de los voluntarios rescatistas, quienes, quedaron tan marcados por los hechos que a partir de ahí dedicaron su vida a ayudar a los demás; nos referimos a los llamados "Topos". 

Como ésta, Kuno Becker tenía muchas líneas por dónde abordar la historia, aristas que la pudieran hacer más significativa y nos invitara a la reflexión, incluso a cuestionarnos de cómo nos comportamos y cómo actuaríamos en un futuro ante una tragedia de esta magnitud, pero sólo se enfocó en la parte emocional del asunto. 

A pesar de estos traspiés, "El día de la unión" es una película que debe verse, pues como dijimos, hay que reconocer el esfuerzo de traer estas historias a nuestras pantallas, porque es necesario recordarlas, aunque nos duela, para a ver si de una vez por todas aprendemos de nuestros errores.

 

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