"El reencuentro", la dualidad de las personalidades

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Como espectador, muchas veces nos preguntamos a qué se refiere la crítica cinematográfica cuando habla de matices o evolución de los personajes, algo muy difícil de apreciar cuando una película es mala (parte o la mayoría de culpa es por un guión flojo), pero cuando encontramos un filme que cimienta su buena factura (sin necesidad que se trate de una GRAN cinta) en las actuaciones, por su puesto con un guión arriba de la media, podemos distinguir con claridad lo antes planteado.

Es lo que sucede con la película francesa "El reencuentro" que, a casi un año de haber formado parte del 21 Tour de Cine Francés, llega a la cartelera comercial para que quienes se perdieron el duelo escénico entre dos de las actrices más aclamadas de la cinematografía gala, Catherine Frot y Catherine Deneuve, lo pueda ahora sí contemplar.

La película habla ciertamente de un reencuentro entre dos mujeres a muchos años de distancia para reabrir heridas pero también bellos recuerdos de tiempos idos; el destino la unió, pero las decisiones personales y familiares las separaron, sobre todo las primeras, por lo que apelar al perdón por el daño causado resulta difícil.

 

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Se trata de las vidas de dos mujeres maduras: Claire (Frot), madre soltera que practica la "anacrónica" profesión de partera, dedicada de lleno a su labor y si ustedes gustan, hasta con una personalidad aburrida y fastidiada con su destino, y Béatrice (Deneuve), una adicta al juego que le gusta disfrutar la vida y sus placeres, despreocupada, pero que padece una enfermedad que podría llevarla a la tumba, es por ello que regresa a encontrarse con un viejo amor, y no es otro que el padre muerto de Claire, por lo que ahora sólo cuenta con ésta para encontrar apoyo en esos difíciles momentos. A partir de ahí es cuando el duelo de actuación comienza a tornarse interesante.

Y lo es porque, aparte de que las actrices son estupendas, están bien dirigidas por Martin Provost y con un guión, aunque sencillo está bien planteado, logran imprimirle el dramatismo necesario a la hora en que deben ponerse serias las cosas, pero al mismo tiempo, sacan de la chistera buena dosis de humor (algunas veces hasta negro) que equilibran las situaciones difíciles y ponen una actitud positiva ante el destino.

La película está construida por dualidades, vida-muerte y esto se manifiesta en las dos mujeres. Por un lado, Claire representa la vida a través de su profesión de partera ayudando a llegar al mundo a nuevos seres, y no sólo como sugerencia fílmica, sino que en realidad la cámara capta algunos nacimientos de parto natural; por otro lado, Béatrice representa la muerte al estar próxima a ella. 

Sus personalidades, como ya dijimos, son otro ejemplo de esta dualidad. Y como dicta la conseja popular: polos opuestos se atraen, sin llegar a tocarse o permutarse, lo que vemos en el filme es, precisamente, esa atracción de personalidades, pues lo que alguna vez unió a estas mujeres y que las separó, de nueva cuenta están regresando, al menos, a tratar de entender y explicar por qué de la separación y por qué del rechazo de una hacia la otra. Por supuesto, el ancla sigue siendo el recuerdo del padre y el amante ausente.

El acierto de la película, además de brindarnos estas actuaciones, es mostrarnos la evolución de los personajes, el cambio que sufren y que implica un crecimiento a partir del reencuentro, ya que se nos muestras tal y como son, sin sobresaltos, aspavientos, iras o cursilerías gratuitas, no, tan sólo nos presenta a dos mujeres maduras, con virtudes, defectos, anhelos, miedos, culpas y alegrías que no necesariamente sufren una transformación completa que las lleve, o a la histeria o a la depresión, nada que ver con esto último. Tan sólo experimentan situaciones que las sacan de su zona de confort, mismas que tienen que enfrentar en pos de la felicidad, en uno de los casos y de un final digno, en el otro.

Por lo mismo de que el filme sustenta su buena hechura en este duelo actoral, los personajes secundarios se sienten tal cual, sólo son apoyo cercano a lo moral, porque no tienen mucha trascendencia, principalmente en el caso de Claire, pues su hijo y un nuevo amor pasan como si nada.

Sin ser la gran película francesa del Tour o de la temporada, "El reencuentro" vale por su realismo y la humanidad que muestra a través de estas dos mujeres, pues, insistiremos siempre que lo detectemos en una película, estos tipos de modelos de personas son los que nos hacen falta ponerles atención. No se la pierda.

 

 

 

 

 

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