"Eres mi pasión", una película "molera"

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"Partido molero" es una expresión que se le atribuye al entrenador y ex futbolista Ricardo, "Tuca", Ferreti, para denominar juegos de futbol amistosos de la Selección Mexicana en los Estados Unidos con la intención oportunista de ganar dólares a costa de la nostalgia de nuestros paisanos avecindados en el país de Trump, quienes, fieles a su identidad nacional, pagan cualquier suma por ver un partido de México aunque éste llegue a ser el más aburrido de los espectáculos, como lo son la mayoría de los encuentros de este tipo.

"Eres mi pasión", de Anwar Safa, podría enmarcarse en este término "molero", ya que su exhibición es "oportuna" y responde a dos tipos de intereses comerciales: uno, subirse a la ola de películas mexicanas que en el género de comedia han venido probando las mieles de "éxito" taquillero y dos, aprovechar que ya está a la vuelta de la esquina el inicio del Mundial de Futbol Rusia 2018, en donde, prácticamente los meses de junio y julio, millones de personas no hablarán de otra cosa más que del deporte de las patadas.

"Fusilada" de la cinta la argentina "El fútbol o yo" (como si fuera un "bombazo" del mencionado "Tuca" Ferreti), y de la misma forma que la también comedia "Tuya, mía... te la apuesto" (México, 2018), "Eres mi pasión"  retrata el gusto enfermo por este deporte-espectáculo de Pedro Gallo (Mauricio Isaac), un aficionado al equipo Cruz Azul, el cual tocará fondo en su vida familiar por culpa de su pasión futbolera pues no puede dejar de ver un solo partido del deporte de los 22 rivales, ya sea yendo al estadio o mirándolo por televisión, a costa de desatender sus obligaciones como esposo y padre. Por ello, el protagonista tendrá que jugar tiempos extras para lograr recuperar a su familia.

 

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Pero más allá de centrarse en un sólo jugador, perdón, personaje, la película gambeta sólo un poco con el tema de la adicción, pues no nada más Pedro Gallo tiene obsesión por el "fut", sino que su esposa Lourdes (Mariana Treviño) es adicta al trabajo y apenas se da tiempo para ella misma y su familia y para rematar la tripleta (no arbitral), el hijo de ambos se la pasa ofuscado con el teléfono "inteligente" grabando su cotidianidad y compartiéndola de forma narcisista en redes sociales.

Esto que pudo haber sido una buena estrategia de juego para ponernos a pensar en qué tan idiotizados estamos con los medios que satisfacen nuestros placeres que, en algún momento, podrían convertirse en adicción, al final de cuentas se queda en una  plausible intensión, en un "tirititito, nada más", pues, como ya dijimos, la temática sólo juega a nivel de cancha y no profundiza.

Algo de lo que adolece la cinta, cual desgarre muscular, es que está dirigida a un nicho de fanáticos del futbol, quienes, de cierta manera, se verán reflejados en el personaje principal. Esto tiene que ver también con el lenguaje que se emplea en la cinta, el cual está plagado de metáforas futboleras, algo poco probable (y normal) que suceda en las familias de cualquier país, aunque no dudamos que existan casos exacerbados de este tipo de fanatismo deportivo, por lo que, quien no esté empapado del lenguaje "pambolero", difícilmente entenderá las metáforas y chistes con giribilla futbolera.

Un ingrediente más que no favorece a "Eres mi pasión" es el acentuado localismo formal, porque, además de ese lenguaje futbolero que reduce la amplitud de cancha, la aparición a cuadro de ex futbolistas profesionales (Benjamin Galindo y Oscar "El Conejo" Pérez"), pero, sobre todo, la voz en off del comentarista Christian Martinoli, quien narra, sin mucho que aportar, salvo su anecdótica aparición, ciertas peripecias del protagonista (por supuesto, con tono de partido de futbol), hacen que la película se repliegue aún más hacia un nicho todavía más concreto.

Y el problema no es el qué ni el cómo, "Rudo y Cursi" (Carlos Cuarón, 2008) resultó una mejor propuesta con los mismos tópicos: futol, problemas familiares y en el mismo tono de comedia; el asunto con "Eres mi pasión" es un guión flojo que se quedó en categoría de reserva.

Así que para disfrutar esta cinta se tiene que ser aficionado al futbol, ser mexicano e irle al equipo Cruz Azul, en caso contrario, lo que estaremos presenciando será un partido, digo, un filme "molero" que no ofrece gran espectáculo ni dignifica un deporte tan hermoso como el futbol, el cual, lamentablemente, se ha prostituido en los últimos años por los intereses comerciales que lo rodean en la actualidad, igual que muchas películas que aparecen en cartelera, las cuales, en lugar de enaltecer al séptimo arte, sólo buscan la ganancia per se, repitiendo fórmulas como la comedia que saben les dejarán buenos dividendos con un público que se conforma con poco, tanto en el futbol con los llamados "partidos moleros" como con las películas de baja estima, mejor conocidas como "churros".

La buena noticia es que existe el otro lado de la moneda: el buen cine y el buen futbol, que al final de cuentas nos regalan dosis de alegría y emoción. Bienvenido el Mundial y los épicos encuentros que nos traiga; bienvenidos los grandes festivales de cine y los  filmes inmortales. Así sea. 

 

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