"Isla de perros", el ladrido de la libertad

  • "Isla de perros", el ladrido de la libertad

    Foto. Internet

No sin paradoja de por medio, diversas cinematografías en el mundo, principalmente la hollywoodense, han aprovechado, incluso abusado, de la animación CGI (imágenes generadas por computadora ) por sus siglas en inglés, para contarnos diversas historias que van desde lo más párvulo y burdo, hasta lo más inteligente y progresista, pero existen también filmografías como la japonesa que, a pesar de poder desarrollar y aprovechar al máximo los beneficios de las computadoras, han preferido mantenerse fieles a la animación 2D en beneficio de las historias que quieren mostrarnos.

Por ello resulta paradójico que, ante las posibilidades tecnológicas, uno podría pensar que las películas animadas tendrían que ser, si no obras maestras, al menos algo digno de mostrarse en pantalla; por el contrario, la lógica indicaría que la técnica 2D o el "stop motion" estarían rebasadas y no podrían ofrecer un producto digno de exhibirse. La verdad es que esto está lejos de suceder, porque también en estos últimos años hemos visto excelentes trabajos de animación, tanto en 2D como en la técnica de cuadro por cuadro (ahí están los Estudios Laika como dignos representantes).

Es el caso de "Isla de perros", el trabajo reciente del excéntrico director estadounidense Wes Anderson ("El gran hotel Budapest", 2014), quien regresa a la animación después de "El fantástico Sr. Zorro" (2009), y nos trae una alucinante película en "stop motion" detallada al extremo tanto en la técnica, con encuadres, movimientos y una cambiante y atractiva paleta de colores, como en lo temático con una historia en apariencia sencilla, pero que tiene muchos matices que le dan una profundidad que llega incluso a la crítica social y política, pasando por tópicos más humanos como la amistad, la lealtad y la solidaridad.

 

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Se trata de una visión futurista de una ciudad ficticia de un Japón occidentalizado en donde un gobernante, Kobayashi, impone su tiranía en contra del mejor amigo del hombre, pues existe una rara enfermedad que afecta a los perros, con riesgo de contagio en los humanos (al menos esa es la retórica amenazante), por lo que se ha decretado que toda especie canina, callejera o la más querida mascota, sean enviadas a la Isla Basura donde los japoneses depositan sus desechos con la intención de aislar a los animales y que se las averigüen en este lugar. 

Para poner el ejemplo, la primera victima en ser enviada a la isla es el perro encargado de cuidar al  "hijo" adoptivo de este tirano, un pequeño de 12 años llamado Atari.

El niño no está de acuerdo con la decisión, por lo que, pasados unos meses, escapa a la isla para buscar a su compañero canino, Spots, pero como la isla se ha convertido en tierra de nadie y de todos,  los perros se han dividido en grupos que pelean entre sí por su sobrevivencia y por una que otra bolsa de desperdicios de comida que para el caso resultan un suculento manjar. Uno de estos grupos que hasta hace poco eran mascotas queridas entre los humanos, encuentran al niño y deciden ayudarlo en su aventura tan solo por un gesto de lealtad hacia los lazos que un día los unieron a sus amos.

En la trama nos encontraremos con más de un golpe de timón que nos llevará a descubrir toda una conspiración gubernamental, para no variar, en tiempos electorales que será descubierta por un grupo de jóvenes que aún siente que el perro es la especie más fiel al ser humano, por lo que consideran que el gobierno de esta municipalidad japonesa está siendo injusta con los canes.

La cinta nos habla de perros, pero bien podría ser cualquier grupo de marginados: migrantes, enfermos, pobres, etc., todo aquel que algún gobierno considere indeseable para sus intereses.

En "Isla de perros" encontraremos el estilo de Wes Anderson, sí un poco contenido en comparación con sus películas con humanos, pero sumamente libre y creativo a la hora de tomar el control de esta animación. Por supuesto el humor es uno de los ingredientes principales, latente en un discurso que va más allá de la anécdota, porque nos habla de los peligros del fascismo que han ejercido varios Estados.

En este sentido, la cinta nos recuerda a "V de venganza" (2006, James McTeigue), pero también la película de Anderson se debe al cine de Akira Kurosawa y del propio Miyazaki.

Un ingrediente extra que pocas veces se valora en una animación es el cuadro de actores de doblaje que le dan vida, en este caso, al no estar doblada al español pues el filme se narra en dos idiomas, el japonés y el inglés donde esta segunda lengua es para que los perros se comuniquen y nos comuniquen y la primera para que los humanos lo hagan, los actores cobran relevancia y en este caso podemos decir que merecidamente. Edward Norton, Jeff Goldblum, Scarlett Johansson,

Bryan Cranston, Liev Schreiber, Tilda Swinton son algunas de esas voces que le imprimen estilo a los personajes. Algo que no resulta menor cosa, porque a lo largo de la cinta, los protagonistas evolucionan en sus caracterizaciones lo que requiere de talento para ir a la par de las exigencias de un guión inteligente.

Para los que creen que una animación es mejor cuanto más se acerque visualmente a la realidad, como puede ser el trabajo de Pixar, "Isla de perros" nos demuestra que esto no necesariamente debe ser así; una historia sencilla puede sobresalir si se nos presenta no como una realidad, sino como un mundo posible, uno que habita en los sueños y nos da la posibilidad de descubrir cosas más allá de lo "real", y eso es lo que hace la animación de Wes Anderson: mostrarnos una fábula que nos da la capacidad de ensoñación de algo que tal vez no exista en el plano de lo tangible, pero que sí es posible en la imaginación a través de una estética que hace del mensaje algo perdurable. No se la pierdan.
 

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