"Hombre al agua", la amnesia del compromiso social

  • "Hombre al agua", la amnesia del compromiso social

    Foto: Internet

Eugenio Derbez tiene bien claro lo que quiere hacer en Hollywood: fama y dinero. El buen cine se lo deja a quienes sí están comprometidos con su sociedad, su cultura y el arte. Su película reciente, "Hombre al agua", confirma que el comediante de televisión (nos cuesta verlo como gente de cine) solo está preocupado porque su nombre trascienda las fronteras de nuestro país y de paso hacerse de unos dolarucos con lo único que sabe hacer: comedia ligera.

Esta cinta es un remake de la hollywoodense "Overboard" (1987), donde la salvedad es que los roles de género se invierten, pues, mientras en la cinta ochentera, una mujer rica sufre de amnesia y un empleado que fue maltratado por esta mujer se aprovecha de la situación y le hace creer que son esposos para que ella, por un lado pague la afrenta y por el otro la haga de ama de casa; en el filme del actor mexicano, él interpreta al millonario latino que maltrata a la empleada gringa y esta al saber de su accidente que le causa amnesia decide vengarse y hacerlo pasar como su esposo con la complicidad de sus tres hijas y un matrimonio amigo y, curiosamente, sin la intervención de vecino alguno que, al menos por sorpresa, haga dudar a este hombre de su supuesta relación conyugal.

¿Qué podemos decir? La cinta es totalmente predecible desde los primeros minutos, sin necesidad del antecedente de 1987. La trama por sí sola es ilógica y absurda y poco sostenible; todas las situaciones que se generan a partir de la amnesia del protagonista se sienten forzadas al máximo porque, como dijimos, varias cosas no podrían sostenerse en una situación real. 

 

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¿Qué otra cosa? La comedia es tan ligera como una pluma y así como la vimos posarse en nuestras narices, así habrá de volar de nuestra memoria y ahora la amnesia será nuestra. Los clichés de las comedias románticas de este calibre están puestos en esta cinta: la pobreza y riqueza que se enamoran pero que no pueden estar juntos; la mentira blanca que hace daño, pero no demasiado; el optimismo de abrazar los problemas con la alegría del nuevo día, chistes corporales que sustituyen el pastelazo, etc. 

Súmele a esto un toque de buen melodrama mexicano para manipular las emociones del espectador y ganarse la simpatía del mismo. Si usted vio "No se aceptan devoluciones", el sentimentalismo padre-hijo aparece también en "Hombre al agua".

En resumen, la película no ofrece más allá de algunas risas, más por instinto que por inteligencia y unas lágrimas de coacción y reacción que por una verdadera indignación o dolor por la tragedia de un semejante. Al final de cuentas no esperábamos más de lo que ya suponíamos

El asunto que nos debería de preocupar es saber qué clase de público somos, cuando cintas como esta y como los "Vengadores" y su guerra infinita están llenando las salas de cine. En su día de estreno, la película de Derbez metió a las salas 1.2 millones de personas, superando a su anterior "éxito", "No se aceptan devoluciones" con casi el doble de asistentes.

Se nota que Eugenio Derbez es un hombre de mercadotecnia, pues previamente al estreno de su filme aquí en México, se desató una polémica (no es de dudar que planeada) acerca de una opinión respecto de las próximas elecciones en nuestro país en donde decía no estar seguro que el candidato Andrés Manuel López Obrador fuera la mejor opción para el país, lo que desató una férrea respuesta en redes sociales en contra de su película llamando al boicot que, obviamente no funcionó, lo que demuestra que la estrategia de hacer ruido le resultó favorable para la promoción de su cinta.

Al igual que en "No se aceptan devoluciones" y "Cómo ser un Latin Lover", Derbez se refiere al papel de los trabajadores migrantes en el país vecino, en este caso nos muestra un grupo de albañiles mexicanos que trabajan para un hombre rico estadounidense. Pero, de nueva cuenta, el comediante desaprovecha la oportunidad para hacer una crítica, sobre todo en estos tiempos en que el presidente estadounidense, Donald Trump, ningunea a los connacionales que intentan y emigran a los Estados Unidos.

Derbez sólo se limita a ponerlos como una clase resignada que sigue aspirando a un sueño americano de una vida mejor, pero que saben que jamás sucederá, pues no existen los golpes de timón como el del protagonista que en realidad es un hombre millonario que en su vida ha tenido la necesidad de trabajar, por eso, al final, Derbez manipula la idea del pobre niño rico que está lleno en lo material, pero vacío en lo afectivo (pobre, hay que comprender que los ricos también lloran). 

Por eso, la participación de estos trabajadores solo queda como mero adorno que la película utiliza para coquetear con los paisanos que viven en los "yunaites", como si no existieran las políticas migratorias endurecidas por la actual administración estadounidense.

Claro, no es la intención del comediante, ni tenía por qué hacerlo, ni nosotros por qué esperarlo, pues, ya lo dijimos al principio, Eugenio Derbez no está comprometido con la cultura que lo ha inspirado, que lo ha llevado a la "fama" y de la que se sirve todavía. Lo que incomoda es precisamente el maniqueo que hace de lo mexicano para su beneficio.

En fin, sirva "Hombre al agua" para un entretenimiento dominguero que no aspira a más que sacar la risa fácil y a hacerse de un buen dinero, tanto para su cartera como para la de exhibidores y la industria hollywoodesnse.

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