"La 4ª compañía", el que a perro mata, como perro muere

  • "La 4ª compañía", el que a perro mata, como perro muere

    Foto. Internet

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Después de casi un año de haberse proclamado como la mejor película mexicana en el 2017 con diez premios Ariel, por fin llega a la cartelera comercial y cultural el filme "La 4ª compañía", de Mitzi Vanessa Arreola y Amir Galván Cervera.

La cinta retrata los hechos reales sucedidos a finales de la década de los años 70 e inicios de los 80 en el penal de Santa Marta Acatlita donde la retórica oficial presumía de un "moderno" sistema penal, a nivel de países como Suiza y Suecia, cuyo modelo de readapatación era un equipo de futbol americano formado por los mismos internos llamado "Perros" de Santa Marta, conjunto que a su vez formaba la llamada "4ª compañía", que no era otra cosa que un grupo de élite encargado de imponer las ley que la misma dirección dictaba al interior del penal.

Como si fuera poco, estos Perros de la 4ª compañía podían salir a la calle a delinquir, robaban autos y asaltaban bancos, auspiciados y protegidos por la mismas autoridades encargadas de su supuesta rehabilitación.

 

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Así, estos presos imponían una autoridad ambivalente, pues su poder se basaba en códigos de ética acomodados a modo: "somos cabrones, pero con principios", dice uno de los personajes, pensamiento que justificaba la violación de derechos humanos elementales, pero que a su vez "hacían justicia" y castigaban a quien se pasaba de lanza. 

Esta imagen negativa, se contraponía con su popularidad como equipo de futbol representativo del penal, y de nueva cuenta excusaban su accionar bajo esta premisa:  "perdición y virtud salen del mismo huevo", lapidaria frase del guión.

Sin atreverse a señalar en su totalidad a las autoridades corruptas de ese triste sexenio de José López Portillo, los directores del filme nos traen a cuadro a pillos como el entonces Jefe de la Policía y Tránsito, Arturo Durazo, mejor conocido como "El Negro", que en esta ficción se apellida "Durazno", pero al que todo mundo nacido antes de los ochenta le es familiar. Esta omisión es pecata minuta comparado con toda la podredumbre del sistema penitenciario, concentrado en el penal deSanta Marta, que, ese sí, está meticulosamente documentado en el filme.

A riesgo de equivocarnos, desde la estupenda "El apando" (1976), de Felipe Cazals, el cine mexicano no se había acercado con tal realismo y consecuente crudeza a lo que sucede al interior de un penal sin caer en exageraciones o falsedades, pues de la misma forma en que presenciamos el hacinamiento en la celdas de Lecumberri, lo mismo vemos en este retrato de Santa Marta, con el tino de tener como extras a los mismo presos y filmarla en el mismo reclusorio, lo que le da a la cinta una verosimilitud que no se puede cuestionar.

En el filo del cliché, prisioneros tatuados, contrahechos, chimuelos, el anciano bueno (pero nunca resignado), además de la mota, el activo, los chochos, las puntas, las peleas y un lenguaje violento son el pan de cada día en este infierno, del que no sólo presenciamos la estrechez de una celda o  la esperanzadora libertad que brinda el campo de juego de los Perros, sino que también nos metemos a la oficina de la dirección, donde los negocios se fraguan, o, con miedo e indignación, podemos conocer el cuarto de tortura o la bartolina más oscura y mal oliente. 

"La 4ª compañía" es una ficción basada en hechos reales, pero que retrata una realidad brutal y, con mucha pena, vigente y desesperanzadora. Aquella idea de que el sistema penal mexicano podría compararse con los mejores de Europa, hoy día vemos que no hay perogrullada más idem que esa: nuestras cárceles no readaptan, nunca lo han hecho, al contrario. Y el panorama no es halagüeño como dice el epílogo de la película, nuestro sistema carcelario está entre los peores del mundo. 

Aunque no nos guste esta realidad, hay que agradecer a Mitzi Vanessa Arreola y Amir Galván Cervera que hayan traído esta historia a la pantalla grande, pues como dice el lugar común: para solucionar un problema primero hay que reconocerlo y esta película vuelve a poner el dedo en la herida como lo hiciera hace 40 años el maestro Cazals. Este es de esos filmes que deben verse y recomendarse. Enhorabuena.
 

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