"Una mujer fantástica", el duelo de ser mujer

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En este espacio, no podíamos dejar pasar la oportunidad de recomendarles la película chilena "Una mujer fantástica", del director Sebastián Lelio, una cinta que en estos días ha tenido resonancia mediática por haber ganado el premio Oscar como mejor filme extranjero, pero que también fue reconocida como mejor guión en la Berlinale y obtuvo el "Goya" como mejor película iberoamericana.

También en días recientes, el 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, en donde, más que hacer un festejo tipo el Día de la Madre, se nos invita a que reflexionemos acerca de las tareas pendientes en materia de derechos de las mujeres en el mundo.

Precisamente, uno de los flagelos que padecen millones de mujeres es la violencia de género, donde, por su simple condición se les violentan sus derechos; se les discrimina; se les asesina, se abusa y explota laboralmente, entre muchos otros padecimientos.

 

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La película de Lelio nos cae como un recordatorio más de lo mojigatas que siguen siendo nuestras sociedades, incluida la nuestra, por supuesto. Y es que en ella se aborda el tema de la transexualidad de Marina Vidal (Daniela Vega), una mujer con los pantalones más puestos que los cobardes que se burlan y atacan por considerarla un "fenómeno".

El tema no es nuevo en la cinematografía, pero la película aborda la situación de una manera emotiva, sin cursilerías ni maniqueísmos, a pesar de que  la denuncia abierta y la desproporción estaban latentes como un derrotero tentador para abordar un tópico que todavía causa escozor en más de uno.

Sebastián Lelio va tejiendo de la mano de Marina (que antes se llamaba Daniel) una historia sutil que inicia como cualquiera acerca de una pareja de enamorados, ella mesera y cantante de música tropical y él un hombre maduro que le dobla la edad con una familia que lo espera en casa, pero que, ante la muerte repentina del amante, la tormenta se cierne sobre la mujer que tiene que lidiar con el duelo, pero también con la familia que no le permite cerrar ese ciclo de felicidad y dolor.

Es en este momento cuando el director contrapuntéa la doble moral social al mostrarnos a la "familia modelo" como un ente monstruoso que de civilizado y por extensión, tolerante, no tiene ni la más mínima idea. Irónicamente, la viuda y el hijo mayor del amante caído que se jactan de ser educados y "entender" la situación extra marital entre Marina y el hombre muerto, son desenmascarados por algo que está fuera de su comprensión como lo es la transexualidad de ella, misma que no atinan a encasillar en un estereotipo que les dé consuelo: "no sé lo que eres", le increpa el hijo. Por lo que resulta peor que el esposo y padre se haya enredado con una transexual que con una simple mujer.

Marina solo quiere asistir a los funerales de su amado, pero la familia lo impide a toda costa, no importa que se pierda la cordura o los estribos y se suelten las bestias de la "decencia" que duermen en sus corazones.

Pero no solo es la familia la que jode, la policía y las instituciones que están para proteger a las mujeres violentadas también tienen su cola que les pisen y la usan, no para proteger a Marina, sino para cuestionarla al grado de sospechar que ella tuvo algo que ver con la muerte del hombre.

Ante todo esto, y más, Marina se mantiene estoica, y es su convicción de ser mujer lo que le da fuerzas para no rendirse en su intentona de despedir a su amor, pero al mismo tiempo vemos a una mujer dolida y vulnerable, pero no en el sentido de ser una persona timorata, sino de una mujer devastada por la muerte de su amado y la soledad a la que se está enfrentando.

Al final de cuentas, Sebastián Lelio consigue su objetivo de ponernos el espejo y pensar cómo actuaríamos ante una situación así, y lo hace  a través de la empatía que logra su personaje que, por supuesto, entendemos y concebimos como MUJER, aunque sea transexual, aunque haya sido hombre. Marina es, para nosotros, una mujer fantástica.

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