"Cómplices": rico y galán, seguro don Juan

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En realidad hay  poco qué decir de la película mexicana "Cómplices", del director Luis Eduardo Reyes (Una mujer sin filtro), salvo que se suma a la ya interminable lista de comedias mexicanas contemporáneas, de esas que brotan como champiñones después de un intenso chubasco, y a lluvia nos referimos al éxito taquillero de "Nosotros los nobles" y "No se aceptan devoluciones".

Ya hemos hablado de ello en este espacio: que a partir de estas dos películas, el género de la comedia moderna (romántica y de situación, principalmente) se reafirmó como un negocio que podría seguir dando jugosas ganancias, por lo que los capitales privados le han entrado al "business" de  hacer películas mexicanas, siempre y cuando estas garanticen taquilla con un divertimento fácil; no importa si castran la capacidad reflexiva del espectador, eso es lo de menos, total, para unos cuantos, en México no pasa nada, todo está de poca madre, más si se vive en Santa Fe, Las Lomas o Tecamachalco.

Y decimos esto porque la película, igual que la mayoría de este tipo, se enfoca en las anécdotas de una clase pudiente que tiene "tramas (¿exclusivas?) dignas de contar". 

 

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Estamos hablando de historias que retratan solamente al 1% de la población, ya que, de acuerdo al estudio de Miguel Ángel del Castillo Negrete, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México que hiciera para la CEPAL y publicado en 2017, se revela que los más acaudalados, equivalentes al 1% de los mexicanos, acumulan riqueza similar a la del 95% de los demás habitantes del país.

Dicho estudio se llama “La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros en México”, mismo que nos viene a confirmar la enorme brecha entre ricos y pobres, estos últimos con un salario de, centavos más, centavos menos, 80 pesos al día, con lo que ni para la canasta básica les alcanza, mucho menos para ir al cine a ver historias de sus empleadores, donde, ni por asomo, tendrán un papel, aunque sea de pordioseros o delincuentes, en estas películas. Por lo que, de cierta manera, para qué preocuparse en hacer películas de jodidos si ni siquiera las van a ver (nótese la ironía).

En "Cómplices" el único ente mexicano de la clase trabajadora que aparece en pantalla es un taxista que, obvio, transporta a uno de sus protagonistas, Mauricio (Jesús Zavala), quien le ha prestado el auto nuevo a su novia -el cual le regaló su "mami"-, solo para encontrarla al poco rato poniéndole los cuernos con uno de sus profesores. 

Bueno, el asunto es que la película mencionada aborda uno de los estereotipos más gastados tanto en la literatura como en el cine: el de Don Juan, de hecho el personaje principal se llama Juan Campos (Arath de la Torre) y es un tipo cuarentón que se dedica a ligar de "tocho morocho" siempre y cuando las "presas" sean lo suficientemente guapas de acuerdo a los estándares de belleza por todos conocidos (cero rasgos indígenas o similares) y solo lo hace para tener compañía sexual, porque como dicta uno de sus códigos (iba a decir: uno de los puntos de los "Mandamientos Charolastra", pero ni a eso llegan): "siempre acompañados, nunca enamorados", o algo por el estilo.

Y la cosa se llama "Cómplices" porque este Juan tiene un secuaz adelantado que le abre el camino para que el conquistador solo llegue a dar la estocada de remate. Así que con fórmulas preestablecidas de conquista, el hombre se liga a cuanta mujer se le ponga en su camino; para él no hay imposibles. La bronca viene cuando el amigo de correrías enferma y no lo puede acompañar a su "peregrinación" anual al Caribe para ligar a las chicas más bellas del planeta.

Por azares del destino o la decisión de una madre comodina quien encabeza los negocios familiares (no sabemos de qué tipo), obliga a Juan a hacerse cargo de su sobrino, aquél a quien le pusieron el cuerno en su propio coche, porque el niño, romántico y, estereotipadamente, ñoño se encuentra en una depresión tal que solo atina a comer pizza echada a perder, además de que dicha progenitora lo deja con el tío para que el chamaco "se haga hombre". 

Esto, aunado a la enfermedad del amigo, hacen que Juan se lleve al sobrino a República Dominicana, en donde a punta de cachetadas, el aprendiz de gigoló, extremadamente inexperto en conquistas, aprenderá a ligarse a la mujer de su preferencia. 

La historia usted ya podrá imaginársela con todos los clichés habidos y por haber  que entran en el juego del galanteo pasajero, pero de una manera burda, podría decirse; no se siente la fineza (y estamos exagerando el calificativo) de "Hitch, especialista en seducción".

De nueva cuenta, lo que vemos en el hotel caribeño a pie de playa es un laboratorio de chicos y chicas guapas. Podría pensarse que se tiene prohibida la entrada a gente que no sea bonita o esbelta. Hasta parece que estamos viendo capítulos de "El match perfecto" o de "Acapulco Shore", sólo faltó que en el complejo turístico pusieran un letrero que dijera "Prohibidas las 'gárgolas'", como, con discriminación, les dicen a ciertas mujeres los "mirreyes" de "Acapulco Shore".

En la película, vemos unos cuantos personajes incidentales de raza negra, pero uno de ellos es una modelo y los otros son empleados del resort.

Un leve giro llega a la historia cuando aparece el único amor que ha tenido Juan, Teresa (Marina de Tavira), quien todavía le remueve las entrañas y lo vuelve estúpido en el arte del amor.

No les contaremos qué pasa con este reencuentro, pero el único acierto de la película es que, precisamente, el personaje de Teresa intenta darle un equilibrio a la trama al presentarse como una mujer profesionista que sabe y tiene lo que quiere y que, justicia divina, le hará ver su suerte al don Juan, por lo que el final no es tan obvio como toda la cinta.

En conclusión, estamos ante la paradoja del cine mexicano, en la que se están produciendo muchas películas, pero no todas ellas valen la pena, pero es importante que se siga produciendo, eso por un lado, y por el otro, como decíamos al principio, la formula que los productores y directores están gastando en demasía es la de la comedia, pero hasta en eso hay niveles.
 

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