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"Frantz", la mentira del remordimiento

  • "Frantz", la mentira del remordimiento

    Foto: Internet

Tras su paso por el 21 Tour de Cine Francés (2017), llega a la cartelera la coproducción franco-germana, "Frantz", del eclético y no menos controvertido François Ozon, un drama con toques románticos ubicado al final de la Primera Guerra Mundial, en donde un ex combatiente francés, Adrien (Pierre Niney), viaja a un pequeño poblado alemán para visitar la tumba del soldado germano Frantz (Anton von Lucke), al que conoció en la guerra.

Ya instalado, Adrien habrá de confrontarse con los padres de Frantz y con Anna, prometida de éste, a quienes contará su peculiar relación con el soldado caído. Pero no todo será tan fácil para el francés, pues al principio encontrará reticencia por parte del padre de Frantz, el cual tiene aversión por los "galos" en general, a quienes culpa de la muerte de su hijo.

Poco a poco, Adrien irá ganando el afecto de la familia y, sobre todo, de Anna, algo que a él le ayudará para exorcizar los fantasmas del pasado reciente que llegaron con el conflicto bélico.

 

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Basada en el ya lejano filme "Remordimiento" ("The broken lullaby", 1932) de Ernst Lubitsch, "Frantz" nos habla, precisamente, de los remordimientos que puede dejar una guerra  en la que los enemigos en algún momento asumen el papel de víctimas y victimarios de acuerdo a las circunstancias, en donde, sin duda, las pérdidas se dan para ambos lados.

Pero no sólo son los remordimientos que nacen y mueren por un férreo odio al rival lo que la cinta nos muestra, también asistimos a una esperanzadora redención de que es posible el perdón, pero no uno cimentado en la sinceridad, sino uno construido en la mentira.

Y es aquí donde encontramos uno de los principales aciertos de la película al evitar caer en la chabacanería del melodrama, camino por el cual podría pensarse se dirigiría la historia, pero que en las manos de Ozon se convierte en una red de falacias que crecen como una bola de nieve necesaria para causar el menor daño posible y sólo nos queda imaginar lo que va a suceder cuando esa avalancha colisione.

Pero para que esto ocurra, uno de los personajes habrá de sacrificar su felicidad, por lo que pierde por partida doble en esta guerra, y encuentra su alegoría en el cuadro de  Édouard Manet, "Le Suicidé", que se muestra de forma significativa en el filme.

Sin ser para nada aleccionadora, la película filmada en un blanco y negro melancólico, nos da ese toque expresionista que acentúa esa falsa realidad construida en la deformación de la verdad, pero que se colorea en los pequeños momentos de esperanza para darle un respiro a los personajes y pistas falsas al espectador.

Además, si en su tiempo "The broken lullaby" puso el dedo en la llaga al mostrarnos la falsa reconciliación entre Francia (como representante de los aliados ganadores de la I Guerra Mundial) y Alemania (nación perdedora) que llevaría a una Segunda Guerra por los sentimientos revanchistas del Nacionalismo. De la misma forma, la película de François Ozon pone la pauta en el cuaderno para que nos demos cuenta que esos sentimientos negativos en contra del otro, del diferente y culparlo por nuestras desgracias, pueden acarrear graves consecuencias para las sociedades.
 

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