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"Todo lo demás", la burocracia de la monotonía

  •  "Todo lo demás", la burocracia de la monotonía

    Foto: Internet

"Todo lo demás" es el primer largometraje de ficción de la también documentalista Natalia Almada Guild en el que nos muestra todo el peso de la monotonía a través de la vida de Flora, mujer de más de 60 años y empleada eterna de gobierno que todos los días repite las mismas actividades ad infinitum sin posibilidad de tregua o ruptura.

Interpretada de una manera soberbia por la talentosa Adriana Barraza, Flora es una mujer solitaria, cuyo reloj biológico la despierta cada mañana a la misma hora; se levanta a bañarse; de un cajón, como si fuera una bolsa de canicas, toma unas pantimedias color carne y sin un ápice de sensualidad las desliza por sus piernas; sale de su apartamento por un pasillo lúgubre; aborda el metro entre el hormiguero humano que apenas deja espacio para respirar; llega a su trabajo de credencialización ciudadana en donde el escaneo visual del rostro del solicitante cotejado con la identificación oficial y la revisión de una serie de documentos le dan el ínfimo poder de otorgar o prolongar la identificación solicitada.

Por la noche, llega a saludar al único ser vivo que la acompaña, un minino igual de solitario que ella; calienta agua en una jarilla de peltre; prende el televisor en el canal de noticias; se prepara un té o un café que acompañará con una concha de vainilla y se sienta a merendar con una libreta rayada en la que, con una bella letra ligada, anota a los ciudadanos que atendió durante el día y con una mancha roja delante del apelativo señala aquellos que han cumplidos con los requisitos. Después de esto, el sueño se convierte en el único remanso a una jornada que pesa más por lo tedioso que por el esfuerzo en sí.

 

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Al otro día, acompañamos a Flora a la misma dinámica, aunque deberíamos decir estática, en donde sólo los rostros en el transporte público tienen alguna variación, al igual que los ciudadanos que llegan a solicitar la necesaria credencial. Algunos detalles la sacan de su sopor, como esa mujer embarazada que solicita la baja del padrón de su padre muerto o la mujer ciega que vende discos piratas en el subterráneo con canciones de bolero. Pero también se permite momentos de enfado como la negativa del trámite al hombre que no se digna a mirarla por estar clavado en su teléfono móvil, o aquel en el que una "vagonera" del metro somete a sus dos hijos pequeños a las incomodidades del transporte.

Pareciera que Flora es una mujer que no tiene nada qué perder y nada qué ganar, por lo mismo no arriesga, pero tampoco cede, ta solo vive como le ha tocado vivir en un aparente conformismo cómodo, permítanos la expresión, aunque sentimos una ligera intención de querer romper con esos hábitos cuando vemos su voluntad de aprender a nadar, pero el miedo, quizás la pérdida de un ser querido, la vuelve a pasmar a la orilla de la alberca y no sabemos si algún día se atreverá a lanzarse al agua, ya sea para liberarse o para condenarse.

Quizás toda esta parsimonia en una actriz menos experimentada hubiera encallado el barco de Natalia Almada, pero en las manos, rostro y cuerpo todo de Adriana Barraza, se convierte en una lección histriónica en la que resulta más complicado comunicar con la expresión corporal que con la palabra hablada y más sin la interacción de otro compañero de carrera, pues los pocos personajes con los que interactúa Barraza no son profesionales (eso es lo que se deja ver), sino que pertenecen a la realidad citadina en la que se mueve el personaje, y eso abona a una verosimilitud innegable, la cual se agradece sobremanera porque pocas películas se animan a bajar al subterráneo en hora pico para contar sus historias; prefieren la comodidad de las pocas bellas avenidas y barrios de esta capital, que si bien son parte de nuestra contaminada urbe, no son el todo.

Si usted es de esos espectadores que necesita que en una película pase algo o de lo contrario se aburrirá, esta cinta no es para usted, pues si bien el filme es una gran anécdota, lo cierto es que, si somos pacientes, encontraremos reflejos de lo que somos y de lo que a veces sentimos, pues "Todo lo demás" sale sobrando.

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