"El gran Showman", una cancioncita para tararear

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"El gran Showman", es un musical protagonizado por Hugh Jackman y por... nadie más, creo, en donde se toma como pretexto la vida de P.T. Barnum, pionero del espectáculo circense, quien tuvo la visión (al menos así se deja ver en la cinta) de presentar personajes "freaks", cuya condición física los hacía visibles a la sociedad como parte del entretenimiento, ganando, si no el respeto, al menos algo de admiración.
Por eso, "This is me" (Este soy yo), tema principal de la película, podría haber funcionado como hilo conductor de una historia que hablara de la integración, la inclusión y el respeto por las diferencias con una perspectiva moderna anclada en ese pasado intolerante de la mitad del siglo XIX estadounidense donde se ubica el filme, pero que, en lugar de esto, privilegió la espectacularidad para narrar un argumento acerca del espectáculo, a fin de cuentas "show business are show business".
Y a pesar de que "El gran Showman" estaba en el tintero antes que la "exitosa" "La, la land", sin duda que se cuelga, cual trapecista, de la fama de esta última para presentar su historia en formato de musical con la idea de que el público sigue embelesado con el romance de Ryan Gosling y Emma Stone, no en vano tienen a Benj Pasek y Justin Paul en el score musical, quienes junto con Justin Hurwitz se alzaron con el Oscar a mejor canción original, "City of stars", en la pasada entrega de este galardón y que ahora repiten la fórmula cancionera con la esperanza de ganar otra estatuilla, pero ahora con "This is me", y quizá lo logren, al igual que podrían ganar en diseño de arte y maquillaje, pero no más.

 

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Y sí, la cinta está "bonita", algunas canciones son pegajosas (aunque el tono popero las saca totalmente de contexto, pero ya no podían apegarse al jazz como "La, la land") y los bailes y vuelos acrobáticos arrancan "aes", como si estuviéramos en el circo, pero de eso a que la película sea un gran producto del espectáculo hollywoodense dista mucho.
Más que la vida de P.T. Barnum y el mundo interno del circo (tan rico en historias) y sus inicios, la producción optó por un espectáculo visual, parco en el guión y medianamente comprometido con el tema de la discriminación que, si bien lo toca por la superficie, se enfoca más en el carisma de Hugh Jackman como intérprete de Barnum.
Todo está preparado para el lucimiento del otrora Wolverine, a quien tanta perfección le afecta a la hora de hacerlo creíble, aunque muchos dirán que su personaje tiene contrastes, pero al final de cuentas la redención lo hace el bueno de la película y la estrella principal a costa de los personajes secundarios, los cuales quedan como la mera atracción que son al no profundizar en sus motivaciones.
Y tampoco estamos diciendo que la película tenía que alargarse para contarnos más de ellos, pero el poco tratamiento que se les da impide que logremos conectarnos con ellos, algo que sí pudimos hacer con los personajes de Tim Burton en  "El gran pez" (2003) hablando de personajes "freak" y el mundo del artificio.
Y tampoco estamos pidiendo que se hable de las problemáticas internas del circo como vimos en "Agua para elefantes" (Francis Lawrence, 2011) con todo y maltrato animal, pero nos cuesta trabajo creer que en el circo de P.T. Barnum todo vaya saliendo a pedir de boca, a pesar de las tragedias.
Esto nos lleva a que "El gran Showman" se acerque a la delgada línea de la historia de superación personal con sus consabidas moralejas, revestida de mucho ritmo y colorido para tapar los hoyos que tiene, tanto de fondo como de forma. Sirva como una propuesta de entretenimiento espectacular que solo le dejará en la memoria una cancioncita para tararear.
 

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