"Cuando los hijos regresan" o ¿qué hacemos con los viejos?

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Desde hace rato, buena parte del cine mexicano: productores, guionistas y directores, le han apostado a la cara segura de la moneda, esa que hace reír y que llamamos comedia, la cual garantiza taquilla y por ende la retribución de sus inversiones, aun a costa de una propuesta original, experimental o, en su caso, de la calidad estética lo que significaría, por supuesto, arriesgar las posibles ganancias.

Es el caso de "Cuando los hijos regresan", opera prima del también investigador y crítico cinematográfico Hugo Lara, quien para su primer largometraje optó por traer de nuevo a la pantalla el drama familiar que suponen las relaciones padres-hijos y cuando éstos últimos tienen o deben dejar o regresar al nido.

"Cuando los hijos se van", en sus versiones de 1941 y 1969, dirigidas por Juan Bustillo Oro y Julian Soler, respectivamente, son parte del antecedente fílmico que Lara utilizó para su adaptación temática, filmes en donde asistimos al drama (que raya en la tragedia lacrimógena) de unos hijos que tienen o quieren independizarse en el contexto de una sociedad conservadora y profundamente patriarcal.

 

 

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En estas cintas, la figura paterna sigue siendo la de la autoridad máxima, incuestionable, moralizante y condenatoria, lo que provoca que los hijos anhelen la libertad ante el yugo que representa el progenitor y la omisión materna amarrada de boca y manos por una sociedad reaccionaria. La moraleja final es que el sacrificio, arrepentimiento y el mantenerse en el buen camino traerá de nuevo la armonía al hogar que alguna vez se vio resquebrajada.

Lo que hace Hugo Lara es, de cierta manera, actualizar el tema de las relaciones padres-hijos en los tiempos del internet, sólo que en tono de comedia con ciertas dosis de drama, pues pa' que el asunto se mantenga interesante.

Pero además de estas dos versiones, existe otra película más a tono con "Cuando los hijos regresan". Se trata de "Cuando los padres se quedan solos" de 1949, dirigida también por Juan Bustillo Oro, basada en la obra literaria cómica "¿Qué hacemos con los viejos?", de José de Lucio (de quien tomamos el título para complementar el nuestro), en donde, de manera similar, se trata el tema de unos hijos que por diversos motivos regresan o piden ayuda económica a sus padres para salir de sus "apuraciones" provocadas por su ineptitud, malos cálculos o simplemente la mala suerte, lo que pone en  riesgo el patrimonio que con tantos años de trabajo lograron formar los viejos.

Y aunque la cinta de Bustillo Oro le tira más al drama, tiene muchos momentos de humor sobre todo en el actuar del personaje de "Panchita", interpretado de forma atinada por Susana Guizar. En esta película el padre ogro y dictador y la madre abnegada de aquellas dos, permutan por una pareja más cálida y resignada que piensa que el bienestar de los hijos se antepone a su felicidad, aun cuando estos ya sean independientes.

Y, justamente, este es el carácter que encontramos en los padres actuales que interpretan Fernando Lujan y Carmen Maura que, aunque no tan abnegados, al final terminan ayudando a sus hijos a costa de su bienestar.

Por supuesto hay muchas otras diferencias entre las cintas de Bustillo Oro y Hugo Lara como que los padres actuales anhelan estar solos los últimos años de sus vidas y que no son tan resignados con la manera en que están llevando sus vidas sus hijos, incluso se permiten hacer travesuras a éstos para ver si de una vez por todas abandonan el nido por voluntad propia. Esta parte es la más graciosa y la que lleva a los enredos del último tercio de la cinta que, por desgracia se resuelven de una manera precipitada.

Esto viene a colación porque el remedio al conflicto recaerá en manos del "patito feo" de la familia, en este caso el hijo menor, interpretado por Francisco de la Reguera, un treintón desempleado, eterno estudiante del que no se espera nada y que al final de cuentas termina salvando la navidad, perdón, a la familia.

De la misma forma, pero a la inversa, la misión de salvar a la parentela en el filme "Cuando los padres se quedan solos" recae en el ya mencionado personaje de "Panchita", quien también es la menor de la familia, pero no es ninguna baquetona, por el contrario es una mujer luchona, pícara y sumamente astuta, un personaje que de cierta manera rompía con los estándares de la mujer de la mitad del siglo pasado.

Lo positivo de "Cuando los hijos regresan" es que nos trae, aunque sea un poco a la ligera, el problema de muchos adultos de la llamada "Generación X" y otros tantos "Millenials", quienes difícilmente logran independizarse o formar un patrimonio propio y siguen viviendo en casa de sus padres por culpa de la crisis económica que trae desempleo o empleos mal pagados que apenas permiten cubrir los gastos básicos, pero no una hipoteca.

En lo formal, la película de Hugo Lara se queda como una comedia más de las que se está llenando la producción mexicana que, emulando a "Nosotros los nobles", se va por la vía segura con una historia que en su momento y en su contexto funcionó y a la que sólo había que aplicarle la mudanza a nuestra actualidad.

Se agradece que haya evitado el discurso aleccionador en el que pudo haber caído, aunque al final de cuentas sí existe una moraleja del que obra mal, le va igual, y de que los hijos unidos jamás serán vencidos.

Y si bien no creemos que sea la comedia que venga a refrescar la escena, si la ponemos por encima de otras más simplonas como la que resultó ser la más taquillera de este 2017, según el Imcine, "Hazlo como hombre". Lo malo para "Cuando los hijos regresan" es que la curva de este género en relación con la audiencia está comenzando a descender, pues de tanto que va la comedia a la pantalla, la gente se está cansando.

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