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"Vuelven", el horror de la violencia vuelto ficción

  • "Vuelven", el horror de la violencia vuelto ficción

    Foto: Internet

Dice el lugar común que la realidad supera la ficción, pero existen fantasías que llegan a igualarla, incluso superarla sobre todo cuando se trata de ciencia ficción, sin embargo el género de horror sea quizás al que le cueste más trabajo encontrar asideros con lo real, salvo cuando las atrocidades que se retratan en la pantalla sean el reflejo de los horrores que se viven por la guerra o la violencia generada por el estado o el crimen organizado.

Es el caso de la película mexicana "Vuelven", de la directora Issa López (Efectos secundarios), una cinta que mezcla el género de horror con el drama y la fantasía, en donde se cuenta la historia de la niña Estrella (Paola Lara), quien tras quedar huérfana por la desaparición repentina de su madre se une a una pandilla de niños de la calle que también son producto de la violencia social, la pobreza y el abandono de unas autoridades preocupadas más por cuidar las apariencias que por atender este tipo de problemáticas.

La situación de vulnerabilidad de los pequeños que para sobrevivir tienen que delinquir, los hace presas fáciles de las garras de una banda de narcotraficantes conocida como "Los Huascas", que bien podría ser cualquiera que a usted le venga a la memoria: "Los Z", "Los Rojos", etc., de la cual tienen que huir y enfrentar dado el momento.

 

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Al revisar el trailer, podría pensarse que el filme tiene que ver el cine de Guillermo del Toro, concretamente con "El espinazo del diablo" y "El laberinto del fauno", así como con la cinta "Un monstruo viene a verme" (Juan Antonio Bayona, España-Estados Unidos, 2016) que, aunque no sea de Del Toro, tiene la influencia de este.

Y sí, efectivamente, "Vuelven"  tiene que ver con el cine de Guillermo del Toro, pero sólo como influencia formal al presentar el dolor infantil que busca refugio en la fantasía para atenuar aunque sea un poco, la desgracia que los pequeños están padeciendo.

Pero, la película de Issa López no enfatiza el aspecto fantástico como un paliativo para el dolor, sólo lo utiliza para detallar algunos rasgos de los personajes como el coraje y el valor, pero también el miedo y la angustia que viven.

Además, el contexto en el que se desenvuelven estos niños no tiene que ver con la guerra como en las películas de Del Toro, sino con algo más cercano, por desgracia, a nuestra realidad como lo es la violencia del crimen organizado, esa que ha dejado miles de muertes y una gran cantidad de menores en el desamparo o, peor aún, los han convertido en las bestias que ellos representan.

De esta manera, la película de López camina por otro rumbo, uno más crudo, desolador y poco esperanzador dentro de una atmósfera opresiva como lo es el pedazo de la urbe con casas amontonadas que funcionan como prisiones de máxima seguridad, con calles y espacios laberínticos en donde es fácil perderse, aspecto que nos recuerda a las también violentas favelas de "Ciudad de Dios" (Fernando Meirelles, Brasil, 2002).

Aquí no hay piedad con la inocencia y no existen hadas que funcionen como faros de esperanza, ni siquiera la muerte se ofrece como una certidumbre liberadora, por el contrario, los muertos no encuentran la paz de los sepulcros porque nadie sabe que ellos ya no son de este mundo; son muertos sin rostros ni personalidad, están desaparecidos como miles de personas en el país que no sabemos si aún viven, y si bien, en su afán de venganza vuelven y ayudan a los protagonistas, también es cierto que forman parte de sus peores pesadillas.

Y aunque la película utilice los recursos de la fantasía y el horror para contar su historia, esta tiene un fuerte anclaje con la realidad violenta del narcotráfico vista a través de los ojos de estos pequeños que, a pesar de todo, todavía se dan un resquicio para soñar y ser niños.

Como ejemplo de ese terror que han padecido los menores mexicanos en regiones de extrema violencia tenemos la secuencia inicial de la película en donde se reconstruye una balacera entre bandas rivales justo afuera de la escuela de Estrella, la protagonista. ¿Qué mayor pánico que este?

También la figura del candidato (ahora que se acerca la elección presidencial), interpretado por Tenoch Huerta es otro ejemplo de la dramática realidad que estamos viviendo con políticos involucrados con el crimen, capaces de las atrocidades más insospechadas tan sólo por saciar su adicción al poder.

Hay que destacar el buen trabajo en fotografía a cargo de Juan José Saravia y un escalofriante diseño sonoro de Martín Hernández, así como un trabajo de efectos especiales de calidad, algo poco visto en nuestra cinematografía.

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