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"The square", la vacuidad del ser humano

  • "The square", la vacuidad del ser humano

    Foto: Internet

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A partir del 17 de este mes inicia la 63 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca, un banquete de 14 películas con lo más destacado de la cinematografía internacional, en donde, de entrada, nos llega el plato fuerte con la película triunfadora en el recién Festival de Cannes, "The square", un filme del director sueco Ruben Östlund, quien después de su estupenda "Fuerza mayor", ahora nos trae un relato alucinante acerca de la doble moral de una sociedad de primer mundo que se dice civilizada y culta, pero que en realidad puede ser tan ruin como cualquier lado oscuro del ser humano.

Contada en un tono dramático con hartos ratos de humor que se pitorrean de los convencionalismos sociales y las buenas formas, "The square" nos cuenta el episodio de Christian (Claes Bang), un hombre de mundo, responsable de uno de los principales museos de Suecia, quien, cierto día, se ve involucrado en un evento tan disparatado como posible en el que, por hacerle al buen samaritano, le roban su cartera y su celular.

Del asombro por el timo padecido (ya lo quisiéramos ver en la Ciudad de México), Christian pasa a la indignación vengativa al escribir una serie de cartas desafiantes que irá a dejar a un edificio de departamentos en un barrio pobre de aquel lugar, pues el GPS de su móvil indica que allí estás sus pertenencias.

 

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Después de esta acción infantil plena de soberbia, el protagonista empezará a caer en una espiral de sucesos que pondrán a prueba su cordura y su supuesta civilidad.

Pero la cinta no sólo se trata de esto, la anécdota de Christian sirve como hilo conductor de una crítica social a través de la metáfora del arte moderno, ese que muchos de nosotros no entendemos y que, en ocasiones, nos hace sentir como ignorantes por no comprender el significado de una serie de montoncitos de piedras acomodados en el piso de un museo, por ejemplo, pero que las altas esferas del arte y la cultura nos lo vende como un discurso innovador, lleno de significados que, en honor a la verdad, en varios casos no los tienen, pero que por el hecho de no exhibirnos como ígnaros, nos quedamos callados.

El título de la película es precisamente el de un montaje artístico en la explanada del museo titulado "El cuadrado", en donde aquel que entra allí debe respetar las reglas de convivencia y ayudar al prójimo en el entendido de que todos caben allí, pero surge la pregunta de cómo se puede ser libre en un espacio que limita; sin duda habrá quien se salga de esos límites.

El sentido de modernidad se explica muy bien durante la escena en que se ve cómo se prepara el espacio para esta exposición del cuadrado y es mediante la erradicación de una escultura ecuestre de la explanada (muy parecida a nuestro "Caballito" de Tolsá), la cual retiran con una grúa que termina por arrancarle la cabeza. Una bella metáfora de que lo antiguo debe cortarse de raíz para dar paso a lo moderno, y en el lugar que ocupaba el pasado ahora se coloca un símbolo que representa la renovación aunque esta carezca de sentido.

Esta vacuidad en el arte le sirve al director para confrontar las miseria humana de una sociedad que se dice abierta, tolerante y progresista, pero que en realidad sigue siendo intransigente, clasista, xenófoba y misógina, sólo es cosa de un empujón al vacío como dijera El Guasón para sacar lo peor de las personas.

Y justamente en esos empujoncitos que provocan la caída de las buenas formas está la "carnita" de la película, basta como ejemplo una secuencia en donde se presenta un "performance" en el propio museo durante una cena de gala, al más puro estilo cortesano, en el cual se invita al público a vivir una experiencia "salvaje" con un artista que representa un gorila que va ir subiendo de tono en su actuación, pasando de las risas hasta llegar a la histeria cuando empieza a meterse con la gente provocando la ira colectiva y el consecuente linchamiento.

Y así, como este caso, existen varios en el filme que, como espectadores, no nos dejan estar tranquilos en la butaca, pues el director nos confronta, nos cuestiona, nos provoca y nos indigna, pero sobre todo nos hace descubrirnos como lo que muchas veces no nos gusta ser: violentos, apáticos, indolentes, en pocas palabras incivilizados, algo que mucha gente presume haber superado.

Ruben Östlund, juega con nuestras emociones, porque la manera en que  nos cuestiona acerca de estos aspectos del comportamiento humano es a través del uso de técnicas como el suspenso o la comedia, pero nunca el melodrama y de esta manera podemos pasar de la risa a la angustia en un par de escenas.

Temas como la indigencia, la migración, el maltrato infantil y las redes sociales son el complemento a esta crítica social de un país de primer mundo en el que podría pensarse no existen tales cosas, pero que, con pena ajena, lo tienen.

Mencionamos las redes sociales porque también el director hace una fuerte crítica al fenómeno de la "viralización" de los contenidos en la red, pues para promover, justamente la exposición "The square", el museo contrata un par de millenials que, supuestamente saben cómo llegar a las masas para promocionar dicha obra y lo que terminan haciendo es una verdadera estupidez; claro, muchos dirán que se logró el cometido, pero lo hicieron rebasando la línea de la ética y de eso trata también la cinta: de los límites que se desbordan por la soberbia y la hipocresía de quienes lo hacen.

Quizás lo único cuestionable de la película es que pretende abarcar muchos temas, por lo que la crítica muchas veces se queda en la mera exposición y no profundiza, pero si nos esforzamos y metemos todo en el cuadrado de la película, esto resulta "pecata minuta" con el resultado final de la cinta. No se la pueden perder.
 

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