"Cómo cortar a tu patán", la femme fatale que se transformó en princesa

  • "Cómo cortar a tu patán", la femme fatale que se transformó en princesa

    Foto: Internet

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"Cómo cortar a tu patán" es una comedia ligera en donde Amanda (Mariana Treviño) es una "terapeuta" que, a la manera de "Hitch: especialista en seducción" (E.U.A,  2005), pero a la inversa, se encarga de desunir parejas cuando una parte de ellas, mujeres, principalmente, ya no quieren estar más con su contraparte, y es ahí don ella entra a dictar línea de cómo hay que hacerle.

La premisa sonaba prometedora si tomamos en cuenta que es la comedia el terreno por donde habría de moverse el relato, lo que se constata en los primeros minutos que sirven para presentarnos al personaje principal y su peculiar oficio; hasta aquí logramos reír.

Sin embargo, la película se desvía, pasados estos primeros instantes cuando aparece en escena la hermana de esta especialista en "desamarres", Natalia (Camila Sodi), quien, cual rana, va saltando de relación en relación, de las cuales siempre sale dañada, según la propia Amanda que, además, siente la obligación de ayudara a su hermanita, no tanto a superar el duelo por sus relaciones fallidas, sino a que no vuelva a meter la pata con algún otro galán-patán. Tan, tan.

 

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A partir de aquí, la trama se centra es esta "titánica" y entrometida labor de Amanda a la nueva relación de Natalia. Aparecen los lugares comunes y los estereotipos que, precisamente, la película quería evitar, de acuerdo a lo manifestado por sus hacedores durante la promoción de la misma.

Y entonces, a pesar de que gran parte de la cinta se sostiene por la actuación de Mariana Treviño como mujer relajada y empoderada, en apariencia, pero con los miedos de cualquier ser humano, principalmente al amor, su personaje le da rienda suelta a los clichés de pareja para argumentar sus observaciones empíricas del comportamiento de los galanes de su hermana y recurre a recetas inflexibles para ahuyentarlos, lo que hace poco creíble lo que estamos viendo.

Si bien, uno de los personajes masculinos le reprocha que no puede manipular el amor, podríamos decir que tampoco existe una fórmula para terminar una relación o tratar de aliviar el duelo por alguna ruptura con métodos y pasos a seguir, pero esto ya no importa porque la película está tan centrada en el narcisismo de Amanda por tener la razón de saber qué es lo que le conviene a su hermana que anula la idea principal que le da razón de ser a su personaje: una "terapeuta" de rompimientos amorosos.

Entonces, la gran Amanda, independiente, moderna, divertida, con la libertad sexual de decidir cuándo y con quién coger sin compromisos posteriores, se desmorona poco a poco ante su inseguridad y frustración y termina cediendo en el punto que juró nunca iba a caer: el amor.

Y eso es bueno, es humano equivocarse, pero si la intención era mostrar a una mujer fuerte, tal cosa no se logró y lo que nos queda es una dama vulnerable que también tiene la necesidad de amar y ser tierna; la femme fatale se convierte en princesa.

Y ni hablar de los galanes, Pepe (Sebastián Zurita) y Leo (Christopher Von Uckerman), quienes, no logran estar a la altura de sus compañeras, y vaya que Camila Sodi tiene una actuación discreta.

Además de lo estereotipado de sus caracterizaciones: el chico guapo vegano, autosuficiente y artista del diseño (Leo) y el galanazo "todas mías", caprichoso y huevón hijo de mami, sus interpretaciones dan flojera. Lo galán no les quita lo menso. 

No alcanzamos a distinguir si así eran sus personajes (que no lo creemos), pero en contadas ocasiones les vemos alguna expresión digna de recordar. No pasaban de una ligera sonrisita seductora. Alguna vez dijo Frida Kahlo que los gringos no le gustaban porque tenían cara de bizcocho crudo; eso es tal vez lo que aplica con los rostros de Zurita y Uckerman.

Finalmente una de las cosas a destacar en "Cómo cortar a tu patán" son las locaciones de una Ciudad de México, -ahora afectada por el sismo del 19S- que se mira esplendorosa a través de lugares emblemáticos como Chapultepec, Bellas Artes y Xochimilco, lo que nos genera una especie de sentimientos encontrados por lo que vemos y la imagen que tenemos en la mente de los derrumbes que tuvo la también llamada ciudad de los palacios.
 

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