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¿A qué le tiras cuando sueñas Latin Lover?

  • ¿A qué le tiras cuando sueñas Latin Lover?

    Foto: Internet

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"¿A poco te vas a encontrar un billete de a millón tirado en la calle? Sí, cómo no. ¿A poco vas a conocer al Presi y te va a dar un hueso de 'menistro'? Sí, cómo no. ¿Y cuándo soñaste que vas a conocer una viejita muy rica que te va a mantener pa' toda la vida? ¡Ándale, ándale! ¿O un 'millonariaso' que te va a regalar un coche porque le caiste mu 'retesimpatihocicón'?. Ahí sí, lo que tú digas, Altagracia. ¿No has soñado que se te va a morir la vieja y te vas a conseguir una nueva? Mira, Chucha, tus 'calzonzotes'. ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?".

Con este preámbulo el gran poeta urbano, "Chava" Flores, iniciaba una de sus canciones más famosas, "¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?", allá por las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, en la cual, mediante el humor, criticaba la actitud de algunas personas que depositaban sus esperanzas de sobresalir en la vida a un golpe de suerte: llámese lotería, pronósticos, herencia de algún pariente lejano o de una plaza laboral, o los llamados "huesos" en  puestos políticos y de la administración pública, cuyo punto en común es la llamada ley del mínimo esfuerzo.

Pues esa actitud es la que vemos en la película reciente del comediante Eugenio Derbez, "Cómo ser un Latin Lover", tanto del personaje principal, Máximo, interpretado por él mismo, un intento de "gigoló" que sacrifica su dignidad (según las propias palabras del personaje) casándose con una mujer millonaria, mucho mayor que él, a cambio de una vida cómoda en la que el único esfuerzo que tiene que hacer es cumplir en la cama con su pareja.

 

 

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Ahora sí que como diría "Chava" Flores, ¿a qué le tiras cuando sueñas mexicano?, aplica para Máximo, pues después de habérsele cumplido el sueño de encontrarse a la millonaria quien se supone lo mantendría y lo heredaría, resulta que no, que como el hombre desecho que es, fue abandonado, para despertar a la triste realidad de tener que valerse por sí mismo.

Como el parásito que es, Máximo va en busca de su hermana (una Salma Hayek que ni al caso) a la que no ha visto en años porque no tenía necesidad de ella, hasta este momento de infortunio, por lo que se va a vivir a su casa y a servirse, claro, sin aportar nada más que problemas y un ejemplo deleznable para su sobrino de diez años, hijo de su hermana.

Tal como pasó con su anterior filme, "No se aceptan devoluciones", donde Derbez encausó su película al público latino que vive en Estados Unidos, mezclando elementos cómicos, muy de su estilo televisivo, con toques de melodrama para manipular al espectador a la lágrima fácil; de la misma manera lo hace en esta película que también está dirigida al mismo espectador, volviendo a emplear la misma fórmula cómica del doble sentido, frases vulgares, chistes escatológicos, con un toque final de melodrama.

La verdad es que a Eugenio Derbez le vale un pepino el público mexicano y el latino del sur del continente; el está enfocado en el mercado gringo, donde se supone está la taquilla, y pues, a la manera de su personaje Máximo, él le apunta al billete en abundancia.

Sus dos comedias, por más que en la publicidad diga que se trata de rescatar lo mexicano (como si hubiera un molde para ello), tienen mayor semejanza con el estilo de comedia burda gringa, donde los estereotipos del machismo, y el sexismo están a la orden del día.

Pareciera que con esta cinta, Derbez pensara ¿qué estereotipo latino-mexicano es el más celebrado por los estadounidenses que no sea el mariachi o el torero? Claro, el amante latino (también como si existiera tal cosa), algo así como si un director brasileño quisiera vendernos una historia cuya protagonista es una chica del carnaval de Río, voluptuosa y siempre dispuesta a la sensualidad.

No se le puede pedir otra cosa a este comediante, su "éxito", lo ha basado en explotar clichés y estereotipos sociales, los cuales los caricaturiza hasta el ridículo, haciendo que, por desgracia, se conviertan en ejemplos cómicos de cómo se comportan ciertos grupos de la sociedad, proyectando esa imagen allende las fronteras.

En esta era de Trump, el horno no está para bollos, y si ya de por sí el presidente estadounidense y la mayoría de sus seguidores piensan que somos unos aprovechados, oportunistas, arribistas y lacras para la economía y cultura gringa, con este tipo de películas no hace más que darle la razón a quien piensa así, al menos en el plano del imaginario colectivo.

Lo dijimos en su anterior película, Derbez explotó la imagen del migrante, no para defenderlos, ni para criticar las condiciones difíciles que ya desde entonces vivían, sino para su beneficio, so pretexto de una historia familiar. Lo mismo hace aquí, incluso peor, pues, aparte de utilizar una imagen del "buen amante" latino que vive en Estados Unidos, imagen fabricada por los propios estadounidenses, cabe decir,  junto con la idea del migrante que logra el sueño americano, en este caso una mujer madura millonaria.
Pero lo hace con un estereotipo que desde cuando estamos intentando erradicar como sociedad: el macho huevón, corrupto y aprovechado que le entrega las nalgas al mejor postor, que de paso es un déspota cuando detenta el poder, incluso con sus paisanos.

El mal ejemplo, decíamos al principio (y no porque seamos moralinos) es con su sobrino a quien, no conforme con interferir en su espacio vital, lo induce a comportarse como él mismo, un machito que debe decidir por las mujeres porque ellas no saben lo que quieren, además de que lo juzga porque a su edad, diez años, no tiene novia y es virgencito todavía.

Pero como el mensaje lo da de manera "chistosa", el público se inocula y no ve el trasfondo de las barbaridades que se están diciendo. 

Lo más triste del asunto es que con esta película y este tipo de estereotipos que se muestran en la pantalla, Derbez no hace más que abonar a la idea del joven mexicano que no es necesario estudiar para superarse y ser alguien en la sociedad, no, pa' qué quebrarse la cabeza con tanto libro si existen métodos menos aburridos y, entre comillas, más fáciles de alcanzar el éxito económico, el prestigio y un estátus que, al final del día, sólo resulta ser un espejismo, en el mejor de los casos que alguien espere ser mantenido por una esposa o un esposo rico, porque, para nuestra desgracia, muchos jóvenes piensan que la respuesta está en el crimen organizado para alcanzar todo esto. Este es el mensaje que deja "Cómo ser un Latin Lover". Lamentable, en verdad.

Ahora sí que ¿a qué le tiras cuando sueñas mexicano?
 

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