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"Alien: Covenant", dioses y monstruos que decepcionan

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    Foto: Internet

Al igual que el universo de "Star Wars", el de Marvel y ahora el de DC Comics, la franquicia de "Alien", responde a intereses económicos, más que a una inquietud estética, propuesta original o de autor (disculpen si suena a lugar común, pero a fuerza de insistir, eso es lo que parece).

Con "Alien: Covenant", nos encontramos con la secuela de una saga que es la precuela de la historia original de "Alien, el octavo pasajero" (1979), además de que es la continuación de "Prometheus" (2012), por lo que, ciertamente, esta entrega se halla entre la historia de ciencia ficción de los llamados Ingenieros y el terror del "Xenomorfo".

Justamente, es en esta ligadura que la película del británico Ridley Scott se queda por debajo de lo que muchos podríamos esperar, incluso de los más fervientes seguidores de la franquicia.

 

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Y es que, "Alien: Covenant", ni termina por desarrollar la teoría (acaso obsesión de Scott) de que los seres humanos fuimos creados por una raza avanzada de seres de otro planeta (Ingenieros) que nos planteó en "Prometheus", ni tampoco se acerca al terror causado por la película de 1979.

Hay atisbos, eso sí, tanto de lo que se planteó en la primera (que a nuestro gusto fue mejor película que esta), como de algunas pistas del origen de este alienigena parásito que le gusta incubarse en los cuerpos humanos.

Así, nos encontramos que la tripulación de la nave colonizadora, "Covenant" decide desviar su curso hacia un planeta habitable, al recibir una señal de otro plantea, también con condiciones para la vida (sí, parece que les estoy contando la trama del Octavo pasajero), y que en ese planeta está el androide David, miembro del equipo de la nave Prometheus que quedó varado en ese cuerpo estelar y que en apariencia ayudará a los integrantes recién llegados de la "Covenant".

El único chispazo de originalidad o vuelta de tuerca es que este androide se rebela contra la raza que lo creó, pues al igual que quien le dio la vida artificial, no está conforme con la manera y los propósitos de su creación, por lo que la soberbia (el mayor de todos los pecados) lo invade y decide también experimentar el don de otorgar vida.

Como pueden observar, a partir de este momento "Alien: Covenant" es invadida por la previsibilidad y, en ciertos momentos, ingenuidad o descuido del guión para presentar ciertas escenas, como esa donde el capitán de la nave se asoma a uno de los huevos del Alien con la consabida consecuencia de que algo va a pasar (y si vieron "El octavo pasajero", lo podrán adivinar).

La nave Covenant, al igual que "Promeheus" y la nave "Nostromo" trae consigo un androide para auxiliar a los seres humanos, y en este caso el ya citado David es muy parecido al de esta nueva nave y que ahora se llama Walter (ambos interpretados por Michael Fassbender ), pero este último es una versión mejorada, alejada de los vicios-defectos en los que cayó David. 

Ambos se confrontan y sólo uno regresa a la nave que huye del planeta hostil. Y mientras todos los espectadores sabemos la verdad, los sobrevivientes, no. Algo totalmente absurdo, pero en fin.

De echo, la actuación de Fassbender es de lo más rescatable en esta película, donde también aparece en un sencillo papel, el mexicano Demián Bichir.

De aquella teoría de los "Ingenieros" que crearon la humanidad, no quedó nada, pues resultó ser más chucha cuerera el monstruo parásito que los semidioses que sucumbieron ante la plaga que Alien representa. Ni hablar, será para otro filme.

Aunque previsible, la película se queda en suspenso para una tercera entrega, la cual ya sabemos hacia donde va. Esperemos que Ridley Scott haya reservado lo mejor para el final (de esta trilogía que amenaza con otra cantidad de películas). 

Si usted busca asustarse un poco, "Alien: Covenant" puede ser una opción, pero, le advertimos que si no vio "Prometheus", estará perdido en ciertos momentos de la historia, y si no vio "Alien, el octavo pasajero", tampoco quedará defraudado, porque será como una primera vez de algo que ya existió.

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