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"La vida de Calabacín", una familia inesperada

  •  "La vida de Calabacín", una familia inesperada

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Lo hemos dicho ya un par de veces en este espacio cuando hablamos de una película de animación nominada a los premios Oscar: no siempre gana la mejor propuesta; triunfa aquella que dejó buenos dividendos económicos.

Volvió a suceder este 2017, donde la ganadora fue "Zootopia", de los estudios Disney, muy a nuestro pesar, pues la favorita de este opinador era "Kubo", de los estudios Laika.

Unos meses después, primero a través de la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca, y ahora en unas cuantas salas del circuito comercial, llega la cinta animada franco-suiza, "La vida de Calabacín", del director Claude Barras, película que también fue nominada a dicho premio de la academia estadounidense.

 

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Con grata sorpresa podemos decir esta animación pudo haberse llevado sin problema la estatuilla dorada, aunque su servidor hubiera declarado un empate técnico con la ya mencionada "Kubo".

Y es que "La vida de Calabacín" es de esas películas inteligentes que no por ser animada, es complaciente con el público infantil, dando por hecho que este es lerdo, al que hay que suavizarle los temas para que los entienda, en este caso la orfandad.  

Ícaro, un niño de unos ocho años, quien prefiere que le llamen "Calabacín", vive su vida en el ático de su casa, levantando castillos de latas de cerveza; su madre es alcohólica y a su padre no lo conoce y la única referencia de él es un papalote al que deja volar libremente como si fuera un llamado de auxilio ante esa ausencia.

La madre de "Calabacín" muere y el niño tiene que irse a vivir a una casa hogar donde encontrará también niños como él, sin mamá y sin papá, con historias trágicas, en algunos casos, desafortunadas, en otros, pero todos comparten los sentimientos del abandono, la pérdida, el sufrimiento y la soledad.

Aun en el dolor, la inocencia y la nobleza infantil se imponen y en este lugar, "Calabacín" encontrará otra oportunidad para que su destino tome un giro inesperado, quizás para bien.

Antes de esto, el pequeño tendrá que superar la barrera que significa el compañerito "gandalla", quien lo hará ver su suerte en el orfanato. La llegada de una niña será la luz de esperanza que "Calabacín" necesita para tener la fortaleza de enfrentar su rumbo.

Mención a parte, hay que destacar el diseño de arte de este filme, pues nos confirma que la técnica cuadro por cuadro, bien trabajada, le imprime un toque más íntimo a una película, que en este caso se cumple en dos sentidos: en el relato mismo y en la manera en que nuestros ojos lo miran. La luminosidad y el colorido con el que se retrata la película genera un bello contraste con lo duro del tema que se está tratando.

Sin duda, "La vida de Calabacín" y "Kubo" son dos de las mejores propuestas en películas animadas de los últimos meses.

Si usted, amable lectora, lector, es de los que piensan que los niños no son estúpidos, además de que no podemos mantenerlos para siempre en las burbujas de Disney y sus princesas, esta es una excelente opción para que juntos disfruten la propuesta, porque eso sí, la cinta va dirigida también a los adultos, quienes agradecerán la historia y la forma en cómo está contada, ya que muestra ese lado de nuestros hijos que muchas veces se nos pasa de largo referente a ciertos temas que también son dignos de charlar con ellos de vez en cuando.

Una de las desventajas, es que el filme se proyecta en su idioma original, con subtítulos en español, inconveniente para los pequeños que aún no pueden leerlos, por lo que se sugiere que la vean niños de 6 años en adelante. 

Aun así, la historia es comprensible con sólo mirar los dibujos en movimiento, eso sí, papá y mamá deberán explicar en profundidad la historia, dado el caso.

No se la pueden perder.

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01-02-2017