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"Plaza de la Soledad", la madurez de la prostitución

  • "Plaza de la Soledad", la madurez de la prostitución

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"Amor de cabaret, que no es sincero.
Amor de cabaret, que se paga con dinero.
Amor de cabaret, que poco a poco me mata.
Sin embargo yo quiero, amor de cabaret"
Sonora Santanera

Honestidad, coraje, solidaridad y dignidad son conceptos que aplican a la perfección en el estupendo documental "Plaza de la Soledad", de la directora Maya Goded, donde cinco prostitutas maduras (entre los 50  y 80 años) se desnudan en un lenguaje sincero para hablar de su cotidianidad, tanto en el ámbito laboral como personal.

De esta manera, podemos ver a Carmen con su lunar inconfundible, lo mismo guisando un molito para festejar con las compañeras y que atendiendo a un cliente en ese espacio vital que le da el nombre a la película, que se ubica en el Barrio de la Merced de la Ciudad de México, con su fuente funcionando a ratos y sus bancas de piedra donde las llamadas mujeres de la "vida galante", se exhiben, de día o de noche, en espera de que alguien les eche un lazo, y vaya que, pese a su edad, todavía las pueden.

 

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Pero no todo es miel en los labios, también podemos escuchar relatos de hiel que revuelven el estómago como el de la propia Carmen quien narra, con lágrimas en los ojos, que recién parida, a los doce años, un "animal" abusó de ella; o la historia de Esther, indígena mixteca, que fue violada a los 8 años y en lugar de que se le diera el trato de víctima, el pueblo la señaló por su "deshonra", incluso su madre le echó la culpa de lo sucedido.

Violencia, abuso, ignorancia y pobreza es la otra cara de la moneda, una que estas mujeres conocen a la perfección, pero que aceptan, confrontan y tratan de mejorar, al menos así son retratadas por Goded, quien, con acertado tino, se mantiene alejada del protagonismo y deja que las trabajadoras sexuales hablen de su vida a rienda suelta, por lo que el tono de denuncia que podría suponerse en un trabajo así, también se esfuma como humo de cigarrillo para que, simplemente quede un filme de historias de vida, y eso, se agradece.

Y así, las anécdotas siguen paseando como pies entaconados en la Plaza de la Soledad o en la calle de Circunvalación, donde, también, el denominador común de estas mujeres es que, a pesar de su labor, están abiertas al amor: Carmen se casó con uno de sus clientes, Carlos, el cual también nos regala su opinión, haciendo contrapeso al hablar de su relación con Carmen y la manera en cómo han logrado ser felices.

Vemos también a otra de ellas, juntarse con un "viejito", quien, aunque no quiera tiene que "aflojar" unos billetes para que su elegida pueda comprar las medicinas que la hija de ella necesita, pues está enferma de cáncer.

Esta cinta no hubiera sido posible sin la intimidad que logró su directora, Maya Goded, con estas mujeres con quien lleva trabajando más de una década en distintos proyectos y que este trabajo audiovisual es otro logro más para que, como sociedad, conozcamos ese otro México que sabemos que existe, pero que negamos, omitimos o desconocemos. 

¿Cuántas veces nos hemos preguntado por qué una mujer opta por dedicarse a la prostitución? "Plaza de la Soledad" nos arroja algunas respuestas, claro, desde su contexto y perspectiva de vida, y, sobre todo, sin prejuicios, apologías o condenas. Simplemente se habla de lo latente.

Después del mal sabor de boca que nos dejó la comedia de Eugenio Derbez, "Cómo ser un Latin Lover", esta película, con todo y la crudeza del tema nos ha dejado muy satisfechos y saben por qué, porque aquí, en "Plaza de la Soledad", hay honestidad, algo que en la de Derbez no existe.

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18-09-2017