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"El cliente", la ruptura de las apariencias

  • "El cliente", la ruptura de las apariencias

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Después del "oso" histórico en la recién entrega de los premios Oscar, y ante la duda razonable de lo que ahí pasó, hoy hablaremos de la película ganadora en la categoría de habla no inglesa, "El cliente", cinta iraní que, por desgracia o por fortuna, también se vio salpicada por cuestiones extrafílmicas como la inasistencia a la ceremonia de su director, Asghar Farhadi, quien no lo hizo como un acto de protesta y congruencia por las políticas migratoria del presidente estadounidense Donald Trump, quien no dudó en soltar improperios hacia la decisión de la academia por premiar a una cinta de este país.

No hay mejor publicidad para una película, dirían los que saben, que atacarla con frenesí y sin conocimiento de causa; se nota la ignorancia artística del presidente gringo al ningunear este filme, pues, muy a su pesar, éste nos regala algunos guiños de la influencia estadounidense en aquel país lejano al que Trump considera indeseable.

 


Quitando estas cuestiones, habría que celebrar que dicha cinta ya se encuentra en la cartelera de nuestro país, como ya habíamos mencionado en este espacio, las películas nominadas en esta categoría suelen llegar muy tarde a nosotros, hacerlo de manera casi clandestina o, de plano, no hacerlo.

"El cliente" es un retrato intimista de una pareja de esposos de clase media, educada, que vive en la urbe iraní, tan moderna como les hes posible a los países del tercer mundo, él, Emad (Shahab Hosseini), un profesor universitario y actor de teatro; ella, Rana (Taraneh Alidoosti), también actriz y ama de casa, la cual ve afectada su, hasta la primera secuencia de la película, sólida relación, por un evento arquitectónico: el edificio que habitan sufre daños en su estructura y puede desplomarse, por lo que todos los inquilinos tienen que desalojarlo.

Un amigo en común, el director de la obra teatral en la que participan, les ofrece un departamento, el cual, como un personaje más, tiene su pasado, pues fue habitado por una mujer de "dudosa reputación" (prostituta pues) y su hijo pequeño que se supone su existencia por dibujos en la pared.

Esta mujer no se ha llevado por completo sus pertenencias, lo que causa otro incidente desafortunado para la pareja que, todavía entonces, parece feliz: Rana sufre un ataque mientras se está bañando.

Este echo va a desenmascarar una parte de la personalidad de Emad, ese lado machista, orgullosos y vengativo que funciona como  alegoría del varón musulmán. 

Al no querer denunciar el incidente a la policía (¿les suena cercano?), más por las sospechas a la reputación de la mujer que a la ineficacia de las autoridades, el esposo decide iniciar la caza del culpable que, en apariencia, lo repito, en apariencia, mancilló la honra de su esposa y, claro la de él mismo.

Honra que debe ser resarcida con la vieja, pero actual consiga en la sociedad iraní, "ojo por ojo", donde todavía la humillación pública vale más que una sanción civil o penal. 

Poco a poco, Asghar Farhadi, con la maestría de Penélope, va destejiendo ese manto que en apariencia mostraba que todo estaba bien en la pareja de esposos, insistimos: educados, profesionistas, abiertos, modernos, en contraste con los lastres que su religión y su sociedad le han heredado, más en el caso de Emad, ya que, por el contrario  Rana, al principio se ve, sí, moderna, pero un tanto sumisa, con el paso del tiempo va adquiriendo fuerza en su propia debilidad y, hacia el final, será quien muestre la entereza y dignidad que, muchas veces, las mujeres saben más de eso que nosotros los hombres.

De esta manera, a través de estos personajes y de este microcosmos, el director hace un retrato de la sociedad de su país, misma que se mueve entre el progreso y la costumbre, al mismo tiempo que desnuda la dualidad del alma humana, sin que esto signifique que los personajes tengan que ser satanizados, simplemente, son las debilidades que tenemos tatuadas por el medio en el que nos desarrollamos, como la familia, escuela y sociedad.

Así, la imagen del edificio resquebrajado del principio, funciona como una metáfora exacta de lo que estamos presenciando en pantalla y, con toda la intención, Asghar Farhadi, sitúa la ruptura de la pareja en este mismo espacio.

El miedo que nos da es que dicha sociedad tiene mucho en común con la nuestra, pero que bueno que también podamos reflejarnos en otras realidades, porque, seguramente, en nuestro México machista, existen historias parecidas, sólo falta que las filmemos.

Cabe reconocer la inteligencia del guión que, en la sencillez de la cotidianidad en la que está concebido, encuentra su mayor acierto. Asimismo, las actuaciones de los protagonistas son sobresalientes, no en vano Shahab Hosseini, obtuvo el galardón a la mejor actuación masculina en el pasado Festival de Cannes.

"El cliente" es una película que no pueden perderse, independientemente de que haya ganado el Oscar. Es un cine al que pocas veces tenemos acceso, por lo que vale la pena asomarse a esa ventana.

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