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"Silencio", la tentación de perder la fe

  • "Silencio", la tentación de perder la fe

    Foto: Internet

En el mundo católico ha iniciado la cuaresma y, en unos días la celebración de la Semana Santa que conmemora el calvario y muerte de Jesús de Nazaret, una de las figuras más filmadas desde que el cine llegó a nuestras vidas, así como temáticas relacionadas a él.

Una de estas películas es la producción reciente del director estadounidense Martin Scorsese, "Silencio", en la que cuenta la historia de dos misioneros jesuitas que van en busca de su mentor desaparecido a las tierras hostiles del Japón del siglo XVII, enfrentando un sin fin de dificultades que van desde el problema del idioma, hasta la persecución por un gobernante-inquisidor local que impide a toda costa (un abanico de torturas y ejecuciones) que la fe cristiana eche raíces en las tierras de Buda.

Y aunque por la característica de los personajes, uno pudiera pensar que la cinta tiene similitudes con la gran "La Misión" (Roland Joffé, Reino Unido, 1986), conforme avanzan los minutos, nos damos cuenta que no es así, que, más bien, se parece a "La última tentación de Cristo (Estados Unidos-Canadá, 1988), del mismo Scorsese.

 

 

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La duda ante la fe, la soberbia de creer que uno tiene la verdad absoluta, la intolerancia ante el pensamiento distinto, el pavor al dolor físico, las tentaciones terrenales, la culpa, la traición y la posible redención, son los tópicos que podemos encontrar en ambas cintas del director neoyorquino, aunque claro, mucho más película la protagonizada hace casi 30 años por Willem Dafoe.

En el caso de "Silencio", el filme se centra en el drama de uno de los sacerdotes que fueron en busca del padre Ferreira (Liam Neeson), el padre Rodrigues (Andrew Garfield), a quien poco a poco irán quebrantando su fe a fuerza de tortura física y psicológica.

El lugar donde convergen ambos filmes es en el silencio de Dios ante las plegarias, ante la indecisión, ante el miedo, por lo que, paradojicamente, en "La última tentación...", la divinidad de Jesús hace que sus dudas lo vuelvan más humano, y por lo tanto, más empático, mientras que la humanidad del padre Rodrigues lo hace débil ante nuestros ojos, y no porque deseemos que tenga vocación de mártir, sino porque su narcisismo lo ciega para ver con claridad el lugar en el que está parado.

En este sentido, Scorserse nos muestra que la intolerancia puede estar en cualquier religión, por mucho que su doctrina se base en el amor y la comprensión del otro. 

Y aunque a primera vista pudiéramos creer que, en este caso, los japoneses son los villanos por perseguir, torturar y asesinar cristianos, y los católicos son las víctimas, lo cierto es que Martin Scorsese sabe cómo alejarse del maniqueísmo y logra aclarar el panorama en el sentido de que, en cuestiones religiosas, nadie es muy bueno, ni nadie es muy malo, o todo lo contrario. 

Uno ve la película y dice, ¡caray!, los japoneses tienen todo el derecho de defender su cultura y su religión de los invasores europeos. Y también uno piensa, si así se hubieran defendido nuestras religiones prehispánicas otro gallo nos cantara, aunque el contexto sea muy diferente.

Otra cosa hubiera sido, también, si ese intento evangelizador en Asia se acompañara de la fuerza militar con que se impuso la fe cristiana en Mesoamérica, lo que nos lleva a recordar esa parte represora y persecutoria que también ha ejercido el cristianismo en el mundo durante muchos años de historia, ante lo cual, la institución ha hecho mutis, como el Dios de la película que nos atañe.

El lado luminoso del filme es cuando, aparece el padre Ferreira converso al Budismo, explicando sus razones al atribulado padre Rodrigues, donde la persuasión verbal tiene más peso que la tortura física, donde los argumentos de despojarnos de la soberbia y concebir otras formas de vida y pensamiento pueden tener cabida. Es ahí donde encontramos las razones por las que Scorsese tenía años intentando filmar esta historia. ¿Traición, conveniencia o redención? Eso lo decidirá usted, amable lector. Por ello no debe dejar de ver esta película.

 

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