“Valley of love. Un lugar para decir adiós”, el paraíso del infierno

  • “Valley of love. Un lugar para decir adiós”, el paraíso del infierno

Certera y contundente es la película “Valley of love”, con el subtítulo castellanizado:  “Un lugar para decir adiós” en esa eterna y en ocasiones absurda terquedad de rebautizar los títulos extranjeros.

Pero que eso no nos desvíe de los adjetivos adjudicados a esta cinta que  nos habla de la condición humana de unos padres que se tienen que enfrentar  al suicidio de su único hijo adulto, al que veían poco (por no decir nada) y por ende se enfrentan a los fantasmas del pasado, a las culpas  y a los temores de una soledad que por su edad ya se vislumbra en el horizonte.

Protagonizada por dos grandes de la actuación francesa, Gérard Depardieu e Isabelle Huppert y dirigida por Guillaume Nicloux, Valley of love…” (Francia, 2015) nos habla del reencuentro obligado de una pareja que seis meses atrás perdió a su hijo, el cual a punto del suicidio escribe dos cartas para que después de su muerte sus padres (casi sexagenarios) se junten en la zona conocida como El Valle de la Muerte en los Estados Unidos con la promesa de que los tres habrán de reencontrarse.

 

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Esas cartas póstumas, una para cada padre, tienen un itinerario que se debe cumplir al pie de la letra en fechas y sitios específicos del valle si es que los dos quieren volver a ver al hijo que después de que lo internaron a sus siete años no quería saber nada de ellos, pero que, a pesar de los rencores, los amaba.

Para el padre, esa demanda y ese plan le resultan absurdos, pues el hijo está muerto y no cree que lo volverá a ver,  y sólo la cumple por un sentimiento de respeto hacia el hijo.

En cambio la madre se aferra a la última voluntad de su vástago y a pesar también de su escepticismo quiere creer en la carta porque quizás eso le traerá la paz que su alma exige a gritos, pues siente que el suicidio ha sido culpa de ella.

Durante cinco días de itinerario la pareja recorre puntual los lugares del Valle de la Muerte más como un suplicio o una condena que tienen que expiar que como un viaje de reconocimiento o de encuentro que cualquiera que rodea a los ex amantes pensaría están realizando.

Como si fuera la venganza de ese hijo melancólico el Valle de la Muerte es la alegoría del descenso a los infiernos de Dante, en donde los demonios que los inquietan son los que ellos mismos crearon en el pasado y que les llegan como fantasmas a su presente.

Las temperaturas que tienen que soportar cada día son infernales, y nosotros como espectadores sentimos el sopor de los padres, no sólo bajo el sol abrazador del valle, sino también el de las tinieblas de la noche que quizás sea todavía más caluroso que el de la luz diurna.

Bajo este ambiente infernal, la pareja saltará del pasado al presente de su historia amorosa cuya resulta es el hijo muerto.

Al principio vemos a una pareja irreconciliable y opuesta en todo sentido, y uno no entiende por qué terminaron juntos en algún momento de su vida.

Con el paso de los días esa animadversión se va derritiendo (quizás por el calor) y ahora vemos los motivos del porqué estos personajes se enamoraron y a pesar de sus errores son capaces de experimentar el amor por su hijo, algo que tal vez este sabía y por eso decidió juntarlos tras su muerte.

El velo fantástico que supone el regreso del hijo se diluye o más bien se evapora ante la certeza del amor por este y por el que hubo entre los padres y que posiblemente ese no se ha diluido, pues como dice ella: no puedes odiar a alguien a quien amaste.

“Valley of love. Un lugar para decir adiós” nos recuerda la imperfección humana, y nos remarca que nuestras decisiones pueden traer consecuencias como la infelicidad de nuestros hijos.

Pero no todo es trágico y pesimista, precisamente, a través del amor podemos admirar la belleza de las cosas y aun en el infierno del Valle de la Muerte se pueden encontrar paraísos y remansos para el alma.  

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