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“AMOR MÍO”, el dolor de la idealización

  • “AMOR MÍO”, el dolor de la idealización

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¿Por qué algunas mujeres aman a los cabrones? Esta es la pregunta que sintetiza una serie de cuestionamientos que surgen cuando asistimos a los diez años de relación destructiva entre Tony (Emmanuelle Bercot) y  Georgio (Vicent Cassel), en la película “Amor mío” (“Mon roi”, Francia 2015), de la ex modelo Maïwenn Le Besco, cinta que vale tan solo por ver ese extraordinario duelo de actuaciones que le daría a Bercot el premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Cannes.

La historia de este amor tormentoso inicia cuando Tony sufre un accidente en esquí que le destroza la rodilla, por lo que tiene que internarse (exiliarse) en un centro de rehabilitación para volver a caminar. Desde este lugar, alejada de su amado hijo, empezará a recordar y reflexionar sobre esa década de relación dañina, al tiempo que va recuperándose.

De hecho, en una parte del filme la psicóloga que atiende a Tony, le dice que su lesión en la rodilla tiene el significado de no querer avanzar, la incapacidad de soltar y dejar ir las cosas; es una resistencia emocional al curso de los acontecimientos, y le pide que reflexione sobre ello. Y, precisamente es lo que pasa con esta mujer: se niega a dejar ir el pasado.

 

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De esta manera, en paralelo, vamos presenciando tanto la historia de esta relación, como la recuperación de Tony, no sólo de su rodilla, sino de su ser. Pero, para llegar a este punto, sin que necesariamente sea un final feliz -de hecho la directora nos sugiere que no es así-,  vamos siendo testigos de cómo esta mujer fue “atrapada” por Georgio, quien, cual araña venenosa, se encargó primero de inmovilizar a su presa, para después, irla succionando poco a poco.

Georgio, dirían las abuelas, es el clásico Don Juan o Casanova, para los amantes del romanticismo, un metro sexual de ideas progresistas (lo etiquetaríamos en la actualidad), un macho que con sus encantos naturales, su dulce labia, su humor fino y ácido, su habilidad en la cocina y en la cama, y su, aparente, buena posición social, logra llamar la atención de Tony, mujer bella, pero poco segura de sí misma, inteligente, pero cobarde a la hora de tomar decisiones fuertes, tanto  que ni su formación como abogada le permite sacudirse la opresión de este hombre y, sobre todo, inocente, que en su caso resulta más defecto que virtud.

Esto lo aprovecha Georgio para ejercer su violencia psicológica que se manifiesta en manipulación, control, chantaje, siempre disfrazado de bonhomía y gran carisma, y aunque vemos que Tony sabe muy bien cómo están las cosas se resiste a actuar en consecuencia, se auto engaña al creer que las cosas en su relación van a cambiar. Y en un momento, dentro de su depresión, cae en el juego de él y contraataca con sus mismas armas: el chantaje, cuando intenta suicidarse.

Con estas atenuantes, podríamos explicarnos un poco la relación de dominio de él sobre ella, pero, aun así, la directora nos incorpora ciertos elementos que hacen que no sólo nos quedemos en los lugares comunes, sino que nos introduce en la psicología de ambos personajes y sin quererlo, en varios momentos, hacemos empatía  con ellos, pero en otros los odiamos. La escena donde Tony, con el “valor” que da el alcohol, explota en contra de su marido y lo exhibe con sus amigos es memorable.

Es más, la película nos cuestiona sobre dos modelos de relación; por un lado, ese que nos dice que “amarte duele”, que “sin ti no soy nada”, que “te necesito para vivir”, que “te celo porque te amo”, etc.; un tipo de amor adictivo y restrictivo. Y por otro lado, un modelo de relación en donde idealizamos al otro y creemos que se va a comportar de acuerdo a nuestras expectativas y aunque, de dientes para afuera, digamos que lo aceptamos tal y como es, en la realidad no es así, porque queremos que sea una extensión nuestra, con valores y conceptos que tenemos de la vida, y cuando esto no se logra, llega el desencanto.

La frustración, la depresión, el divorcio y una plena insatisfacción es el recuento de los daños  que, poco a poco Tony va dejando ir, de la misma manera que su rodilla se va recuperando  en franca alegoría de humildad, otro de los significados de esta articulación, pues en la medida que la mujer acepta que está en el hoyo y pide ayuda para salir y se deja salvar, la sanación llegará y, aunque la recuperación no será al cien por ciento, con lo que se queda será suficiente para seguir adelante, tanto en el plano físico como sentimental, y eso lo vemos espléndidamente retratado en el final de la cinta, en donde sabemos que, por el hijo de ambos, seguirá viendo a Georgio, pero ya con una mirada diferente: con la mirada de un alma libre.

El mérito de la película es que en ningún momento, a pesar de la temática, la historia cae en los clichés o se va por el camino fácil del melodrama o de las escenas de violencia extrema para justificar comportamientos. La directora pone todo a punto y en la dosis exacta para que saboreemos, sí, un drama, pero con la inteligencia que nos provoca cuestionarnos durante gran parte del filme.

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