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“Batman vs Superman, el origen de la justicia”, una pelea de cantina

  • “Batman vs Superman, el origen de la justicia”, una pelea de cantina

    Foto: Internet

Cuando un producto cinematográfico divide a la opinión como le está sucediendo a “Batman vs Superman, el origen de la Justicia” es porque el río suena, y, como tal, los puntos de vista se dividen y las rocas comienzan a lanzarse de un lado para otro.

De entrada, y para no hacer ocioso el momento, amable lector, la película, dirigida por el “300” Zack Znyder puede dividirse entre los que están del lado del río que sólo buscan pasar el rato, entrarle al tópico de moda y comer y comer palomitas durante las dos horas y media de película; sean o no sean fanáticos de estos personajes de DC Cómics.

Y los que están del otro extremo de la rivera que son aquellos, fanático o no, que le buscan los tres pies al gato y no se conforman con el aparato visual que se sabe es parte del espectáculo. En otras palabras, los que buscan una historia convincente.

 

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Si usted es de los primeros, hago caso omiso a esta crítica, vaya al cine y disfrute la película. Si es de los segundos, trataremos de no echarle a perder la experiencia para que usted mismo saque conclusiones.

Y, como en todo, si nos es de ningún lado del río, y no sabe si verá esta película (aunque es difícil no hacerlo ante el aparato publicitario que se le ha hecho), quizás algunas de las disertaciones aquí escritas lo ayudarán a decidir. Claro, no somos  el Superman todopoderoso para decirle qué hacer.

Hay que subrayar que este tipo de películas responden a la ambición de Hollywood por crear productos que generen dinero, dinero, dinero. Warner y DC Cómics no podían dejarle todo el pastel a Marvel y sus “Avengers”. De hecho, ahí está el pecado de esta película.

Finalmente, cabe aclarar, que la presencia de Batman aquí, dista mucho de la trilogía de Christopher Nolan, no hay comparación, por lo que se recomienda no hacerla.

El origen de la decepción

Desde que se anunció el proyecto de “Batman vs Superman”, en el que Ben Affleck  sustituiría a Christian Bale, la polémica y las expectativas subieron al cielo, cual superhéroe volador. Incluso, desde el mismo título ya se creaba un halo de duda razonable. Y así, el morbo aumentaba conforme se acercaba el estreno y se iban dando probaditas como la aparición de la Mujer Maravilla.

El reto era entonces resolver el título: ¿Con qué argumento se pondría a pelear a Batman y a Superman? Diría el crítico Luis Tovar, ganas de querer rizar el rizo. Los productores se pusieron solitos el pie, porque, al final de cuentas, y aunque se hayan argumentado “razones de peso”, el esperado choque de titanes quedó como esos pleitos de cantina en los que los contendientes sólo se miraban feo y se decían: “¿muy sabroso, muy sabroso? ¡Ñaaa!” y tan amigos como siempre. Igual Batman y Superman que después de darse unos carajazos, terminan como dos alegres compadres. ¿Entonces, pa’ qué ponerlos a pelear desde el título?

Está bien, les compramos la idea y nos embelesamos con la metáfora del día y la noche, del ángel de luz y el caballero oscuro, del hijo de Dios que vino a la tierra a salvar al mundo y habitó entre nosotros, no como humano  (Jesucristo), sino como alienígena todopoderoso, y del hombre atribulado que salió de las sombras y quiso ser Dios y como Ícaro se fabricó sus alas (traje de murciélago) para alimentar su ego. De cualquier forma, ambos personajes resultaron parias de la sociedad.

De lo que se concluye que tanto Batman como Superman son un peligro para el mundo, por lo que cabe la pregunta si la humanidad, ¿realmente, los necesita? Diríamos que no, pero es tal la soberbia del millonario y del extraterrestre que creen que sí lo son, o como dijera el ya lugar común de estas historias, el mundo necesita de superhéroes.

Ah, pero como Superman dispone, Batman se opone, llega Lex Luthor y todo lo descompone, la película da un vuelco total hacia el enemigo común, “tan astuto” y manipulador que, en principio, puso a pelear a este par de angelitos inocentes, para luego hacer que se unieran contra un monstruo, entre alienígena y humano, creado por él. Un verdadero bodrio de villano (el monstruo, no Luttor). No hay sentido.

Bueno, también la interpretación de Lex Luthor, a cargo de Jesse Eisenberg, fue lamentable. Queriendo emular a Heath Ledger (El Guasón), terminó siendo Jim Carrey (El Acertijo).

La culpa es de la ambición

Decíamos líneas arriba que en aras de competir contra Marvel y sus Avengers, DC Cómics en el pecado lleva la penitencia al querer presentar a nuevos superhéroes que andan por ahí escondidos como ratas, y que aquí llaman “meta humanos” y no “mutantes”, y pretender hacer una serie de películas bajo el sello de “La Liga de la Justicia”. Quien inaugura este carrusel de personajes que nos habremos de chutar e los próximos años fue la bella Mujer Maravilla (Gal Gadot), de quien sólo se dio una probadita.

Esta idea de introducir al espectador en el mundo de superhéroes de DC Cómics, afectó a esta película porque, al final todo fue apresurado sólo para llegar al final en el que se prometen nuevas aventuras.

Apresurado fue: la justificación de por qué Bruce Wayne le empieza tomar tirria a Superman; el encuentro de los superhérores en su forma de ciudadanos comunes y corrientes (es inverosímil esa secuencia de la fiesta de Lex Luthor donde Clark y Bruce platican); el choque de los colosos por la mano malvada del excéntrico villano; el giro hacia una alianza previsible y el final que no fue tal.

A pesar de que la película se hace larga, se quiso contar mucho en tan poco tiempo y el detalle estuvo que, ante la falta de argumentos, se llenó la pantalla de efectos visuales con peleas, balazos al por mayor y destrucción al estilo “Avengers”, casi rayando a la sinfonía destructora de “Transformers”.

Así ni cómo ayudarlos, por mucho que quisieron trabajarle a la humanidad de los personajes, por mucho que quisieron darle sustento y contexto a la trama, el resultado no cuajó. Insistimos, se privilegia el cómo por encima del qué. Mejor suerte para la próxima.

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