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"La liga de la justicia", la oportunidad perdida

  • "La liga de la justicia", la oportunidad perdida

    Foto: Internet

En la batalla de súper héroes entre Marvel y DC Cómics podemos decir, con algo de pena, que en eso de juntar a los poderosos para defender el mundo, la mano la lleva la franquicia de los "Avengers", y no porque se trate ya de dos películas, sino porque, en esta ocasión, "La Liga de la Justicia" no hizo gran cosa para darle un buen revés a aquella.

Y la verdad es que tras el fracaso de "Batman vs Superman", no se esperaba mucho de la nueva película del "Caballero Oscuro" y el "Hombre de Acero", acompañados de nuevos reclutas, de los cuales, cabe señalar, sólo la Mujer Maravilla (la hermosa Gal Gadot) y el joven Flash (Ezra Miller) fueron los más sobresalientes de la cinta. En el caso de Diana Prince se trató de la confirmación de su papel en la película en solitario de su personaje; mientras que en el caso de Barry Allen resultó ser un afortunado debut. 

Aquaman (Jason Momoa) y Cyborg (Ray Fisher) pasaron sin pena ni gloria, al igual que Superman (Henry Cavill)... pero, ¿no estaba muerto? Sí, nada más que la magia del cine nos lo trae de vuelta y no les diremos cómo sucede. Pero, el que realmente está muy maltratado por el guión y por la dirección, incluso por la displicencia de Ben Affleck es Batman. De aquel tótem impreso en la memoria colectiva que fue el "Caballero de la Noche" de Christopher Nolan, ahora no ha quedado ni la mínima decencia de entregarnos un hombre murciélago a la altura de las circunstancias ficticias y de mercadotecnia. 

 

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Pero no vinimos aquí a lamentarnos de lo sucedido con Batman, sino a manifestar nuestra aflicción por una película que pudo ser y no lo fue. "La liga de la justicia", como dijimos al principio, dejó pasara la oportunidad de refrescar el género de super héroes, más si nos ilusionamos con el producto previo que fue "La Mujer Maravilla", donde el discurso femenino tomó las riendas por un instante y nos mostraba que este tipo de películas puede ofrecer cosas que valgan la pena de un todo que en su gran mayoría no ofrece más que entretenimiento dominguero.

La película dirigida por Zack Snyder, quien la tuvo que dejar a medias por la muerte de su hija, encuentra su mayor defecto, a nuestro juicio, en querer parecerse a "The Avengers".

Entre toda la pléyade de villanos del universo de DC Cómics, escogieron uno apocalíptico llamado Steppenwolf, un semidios del caos y la destrucción planetaria, algo así como el Thanos marveliano, por lo que la premisa de la destrucción planetaria por un ente alienígena se hace patente al igual que en "Avengers", y ante esta amenaza exterior, un grupo de meta humanos y uno cuyo talento es ser millonario (no, no es Tony Stark) se dan a la tarea de hacerle cara a este invasor del cual no nos convence el argumento del por qué regresa a la Tierra a provocar el caos. 

Este malvado viene por tres cajas llamadas "Madres" que le darán infinito poder (cualquier parecido con el teseracto es mera coincidencia creativa) para poder llevar a cabo sus planes.

Si de por sí esta premisa y la manera destructiva de resolverla en "Los Vengadores" resultó desproporcionada, volver a ver la misma película (alegóricamente hablando) en "La liga de la justicia" no fue la mejor elección para continuar con una franquicia que va un poco atrasada en comparación con el universo cinematográfico de Marvel.

¿Hasta qué punto tanto Marvel como DC Cómics estirarán la cuerda de los super villanos invencibles para, proporcionalmente, dimensonar a sus super héroes? ¿Llegará el día en que el argumento de estas películas tenga que echar mano de un enfrentamiento directo entre los super héroes y el mismísimo Satanás? Porque, al parecer, lo que están haciendo este tipo de películas es que sus super héroes se alejan más de la humanidad y sus poderes están en relación con la capacidad destructora del villano en turno y entre más invencible resulte éste, mejor imagen dará a los héroes, quienes, a pesar del poderío del enemigo siempre saldrán bien librados.

Por lo cual, puede haber de dos sopas: o las historias tendrán que mostrar la vulnerabilidad de sus super héroes a través de sus muertes (aunque luego tengan que resucitarlos) o de plano sacrificarán (todavía más) la verosimilitud de sus historias en aras de mantener sagas que de tanto estirarlas se pueden reventar. 

Por eso, y aunque nos escuchemos cansinos, el éxito del Batman de Nolan tiene que ver con la proximidad de sus villanos; este Bruce Wayne luchaba contra la corrupción del sistema, contra delincuentes palpables y locos de Ciudad Gótica y no contra monstruos improbables o alienígenas destructores. Y no tenemos nada en contra de los extraterrestres, excepto que no se ha demostrado su existencia, pero sentimos que se está abusando de su aparición en pantalla.

Cansancio fue lo que nos provocó "La liga de la justicia" y con ello tampoco queremos decir que "Avengers" sea la neta del planeta porque no, no lo es. Pero, insistimos, se dejó ir una oportunidad de darle vuelta a la tortilla y lograr un mejor producto del que nos entregaron. Es una película alejadísima de la humanidad que dicen proteger. Sólo unos cuantos momentos en que vemos civiles, la película se olvida de las personas.

Y vaya que al inicio de la cinta nos fintaron porque la secuencia inicial nos muestra un mundo sin Superman en el cual la intolerancia y el racismo se apoderan de la sociedad (algo que está pasando en la realidad), o cuando la Mujer Maravilla combate un grupo terrorista que quería regresar a la era del miedo en oposición a las libertades que, en teoría, forman parte de la sociedad moderna. 

Después de eso, los discursos sociales desaparencen para darle rienda suelta a la amenaza externa, el reclutamiento de super héroes y la batalla final. 

Salvo unos flashazos de humor de parte de Flash, queriendo emular al Hombre Araña, de los cuales también llegan a cansar por reiterativos, la película no ofrece nada más que un apresurado e incoherente ejercicio de hacerle competencia a una franquicia que va a la cabeza como la de "Avengers", pero hasta el más simple de los mortales entiende que para que un producto pueda ganarle a la competencia debe ser mejor, ya sea en la calidad, el empaque, el precio o la misma publicidad, pero nunca una copia o, peor aún, algo inferior. Qué pena.

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