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101 años del Atlante: protestas y recuerdo de viejas glorias

  • 101 años del Atlante: protestas y recuerdo de viejas glorias

    Foto: Javier Briseño Domínguez

Exactamente 101 años han pasado desde aquel 18 de abril de 1916, día en que los hermanos Trinidad y Refugio Martínez fundaron al equipo de futbol Sinaloa, precisamente en la calle de ese nombre esquina con Valladolid en lo que ahora es la colonia Roma en la Ciudad de México.

Más tarde, el nombre de Sinaloa sería cambiado a Lusitania, luego a U-53 y poco más tarde adoptarían el nombre de Atlante, inspirado por la grandeza del Océano Atlántico y por el la leyenda de la Atlántida.

De origen humilde, el Atlante se ganó el respeto en los llanos de la capital del país con un uniforme hecho con las sobras de las fábricas textiles en donde trabajaban muchos de sus jugadores como obreros.

 

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Así a partir de zurcidos con aguja e hilo, unieron pedazos de telas para darle vida a la historia de los colores azulgranas.

Con 101 años recién cumplidos, Atlante es uno de los equipos con más historia y tradición del futbol mexicano, pues en la temporada 1946-47 se convirtió en uno de los primeros equipos campeones a partir de que el balompié nacional pasó al profesionalismo.

Desde su fundación en 1916, la escuadra azulgrana ha vivido de todo, tres títulos de liga, tres de copa, dos campeón de campeones y dos campeonatos de la Concacaf.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda ha sufrido tres descensos a la división de plata, la última en 2014 y de la cual no se han podido levantar, así como  múltiples mudanzas que lo convirtieron en el equipo gitano del futbol mexicano y que le quitaron, de a poco, la numerosa afición con la que contaba.

Ahora, un siglo después, cuando parecía que el Atlante lo había vivido todo, tal parece que los también conocidos como Potros de Hierro están hundidos en su peor crisis que los tiene al borde de la desaparición, llevan tres años en la liga de ascenso, perdidos y olvidados en el paraíso de Cancún que para los azulgrana se ha convertido en infierno alejados de su verdadera y fiel afición del lugar donde nació, la Ciudad de México.

Otra piedra en el zapato es la indiferencia de su dueño, Alejandro Burillo y su actual directiva ante los relinchos angustiosos y desesperados del Potro. No invierten en el rescate de su propia empresa. Tampoco lo venden, más bien pareciera que a ese caballo lo tienen bien atado y castigado a base de espuelas.

Lejos de terminar con la agonía azulgrana, durante el torneo clausura 2017 de la liga de ascenso, en varias ocasiones se retrasaron en el pago de sueldos a su plantilla y cuerpo técnico, lo que generó protestas dentro del plantel al grado de amenazar con no jugar la última jornada ante los Loros de Colima.

Ello, generó especulaciones sobre un posible nuevo descenso del Atlante, quien, como castigo, bajaría a la segunda división, un nivel más debajo en la escala del futbol mexicano.

Pese a todo y aunque su equipo esté a más de mil 600 kilómetros de distancia y al olvido de su directiva, los que no abandonan los colores azulgrana son sus aficionados del antiguo Distrito Federal, quienes se dieron cita en la avenida Durango esquina con Valladolid para festejar los 101 años de su equipo.

Ahí, donde el año pasado se colocó la placa conmemorativa del equipo, decenas de aficionados a los Potros de Hierro festejaban un cumpleaños futbolístico más.

La mayoría de sus seguidores son de edad avanzada, con canas en el cabello pero con una sonrisa en el rostro que revelan el pasado glorioso que les tocó vivir con el Atlante. Otros, jóvenes entusiastas que al ritmo de la moda de las barras argentinas, tocan el bombo y los platillos acompañados con canticos de aliento.

Unos cuantos, los menos, son niños que pese a su corta edad y a pesar de vivir los peores años de su equipo, no se dejan llevar por la clásica afición a los campeonatos y portan con orgullo la playera.

La vendimia no pudo faltar, hay que demostrar a como de lugar el amor por los colores, bien sea adquiriendo la playera original, la pirata o la retro; calcomanías, posters, peluches de la emblemática mascota “Pepe Potro” o los clásicos banderines como los que Don Ramón colgaba en la pared de su casa en la serie del Chavo del Ocho.

Tampoco faltaron los videos, las fotos y los tambores, mucho menos las porras y el clásico grito de guerra azulgrana: “les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadres, el Atlante es su padre y si no, chinguen a su madre”, el cuál, en esta ocasión, llevaba dedicatoria especial para el dueño Alejandro Burillo.

Cual ceremonia religiosa, los atlantistas rodeaban la placa que señala: “aquí nació el equipo del pueblo”, en cuya base, reposaba una manta con la leyenda con la exigencia “Burillo ya vende al Atlante”.

Las manifestaciones contra la directiva no cesaban, por ahí se escuchaban los recuerdos a la progenitora de quien ahora es el personaje más repudiado entre la afición.  

Risas, charlas amenas y saludos entre viejos conocidos que se han encontrado en diversas ocasiones en los estadios predominaron en esta tarde azulgrana en la colonia Roma.

Esta fue la fiesta-manifestación de una afición que de a poco se envejece y que por consecuencia cada vez son menos, pero como lo dicen los mismos aficionados azulgranas, “somos una especie en peligro de extinción, pero muy selecta, hijos de la chingada”.

 

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