La violencia y el desinterés han debilitado la tradición de las posadas

  • La violencia y el desinterés han debilitado la tradición de las posadas

    Foto: Internet

"Ya se anuncia Noche Buena
con repiques de esquilón.
Comenzaron las posadas
con bellísimo esplendor".
Cantos del Carro de la Posada, Querétaro, Qro.

Como dice la canción "Regalo de Reyes", de David Lama: "Ya va llegando diciembre y sus posadas, se va acercando ya también la navidad", la llegada del último mes del año significa una época de celebración en familia y convivencia con amigos y vecinos y, al menos hasta hace unos años en México, esa festividad colectiva se manifestaba en las tradicionales posadas, donde cargar a los peregrinos, recitar la letanía, cantar villancicos, romper la piñata, compartir alimento y hasta bailar, era algo común en los barrios y pueblos.

En la actualidad, asistir a una posada sigue manteniendo su carácter festivo, de convivencia social, pero despojado de todo ritual y tradición, pues se estila entre las nuevas generaciones que una posada sólo es una reunión para bailar e ingerir bebidas alcohólicas como cualquier otra fiesta.

 

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Así lo dijo en entrevista para México Nueva Era, la antropóloga Amparo Rincón Pérez, Jefa de la Coordinación de Arte Popular de la Dirección General de Culturas Populares Indígenas y Urbanas (DGCPIU) de la Secretaría de Cultura Federal, quien puntualizó que algunos de los factores que han motivado estos cambios son, sin duda, "la globalización, los medios masivos de comunicación y un tanto la indiferencia de las nuevas generaciones, donde los jóvenes, principalmente, no están interesados".

Sin embargo, advirtió que no se puede dar por muerta esta tradición ya que en muchas partes del país se sigue fomentando la tradición, más por los esfuerzos de la gente mayor y de la Iglesia Católica que es donde nació esta tradición hacia finales del siglo XVI.

"Ha cambiado mucho el sentido de la fiesta. La Navidad es una época de reflexión, de unión, no sólo familiar, sino comunitaria, sin embargo, se ha ido disminuyendo por diversos factores. No se puede generalizar, hay lugares donde sí está muy presente, donde se sigue conservando, pero hay lugares donde han cambiado totalmente el sentido", afirmó. 

Indicó que "esto tiene que ver con aspectos como la violencia, pues ya no es tan fácil reunirse para convivir y participar sanamente, sobre todo por las noches que es cuando se acostumbraba hacer la posada. Por otro lado, aspectos como la migración donde un gran número de gente se ha ido hacia otros lugares y cuando migran adquieren otras tradiciones y costumbres e, insisto, la falta de interés de la nuevas generaciones".

Otro de los aspectos, de acuerdo con la especialista, son los escándalos de la Iglesia Católica que se han venido ventilando en los últimos años, lo que ha desalentado la participación de la gente.

A pesar de esto, reiteró Rincón Pérez, no se puede hablar de la extinción total de las posadas, tal vez "sí del carácter ritual, de ese carácter comunitario. Las posadas que nada más son para echar relajo no tienen ese carácter comunitario y esto se ve principalmente en las zonas urbanas; en las zonas rurales, más al interior del país, se sigue teniendo un carácter comunitario en la medida que es la forma de cohesionar; la fiesta es eso, es cohesión, es convivencia, es un motivo de reunió. Y ese carácter, al menos en muchísimas zonas urbanas no lo tienen, lo han perdido".

Como ejemplo, mencionó el caso de la Ciudad de México, donde "ha impactado mucho ese carácter por la desaparición de ciertas formas de convivencia. Recordemos que todavía hasta la época de los ochenta, existían las vecindades y esta era una forma de convivencia distinta, diferente a la de las unidades habitacionales, en donde las casas crecieron hacia arriba, no de manera horizontal por lo que es difícil juntar a los de arriba con los de abajo, en cambio en la vecindad, aunque fueran de dos o tres pisos, había mucha más reunión comunitaria y esto creo que ha impactado".

Amparo Rincón Pérez resaltó la necesidad de recuperar este tipo de tradiciones porque ayudan en la reconstrucción del tejido social que tan dañado está en nuestro país.

"Desde luego que sí, porque no solamente nos obliga a conocernos entre vecinos que ahorita se da de una manera muy fría; no conozco a todos mis vecinos  porque estamos divididos por torres. La fiesta es comunidad, es convivencia, es un lugar de reunión y en esa convivencia podemos conocer y saber  cuáles son sus problemáticas cuales son sus inquietudes, pero también son necesarias porque ahora con tanta situación de violencia que existe ya no sabemos ni quien vive a nuestro lado y esto no hace un poco herméticos. Creo que tenemos que aprender a reconocernos como sociedad, como comunidad y volver a confiar, creo que ese es uno de los grandes retos".

Apuntó que en esta tarea debemos involucrarnos todos, autoridades y ciudadanos. "Todos, nosotros como individuos tenemos una gran responsabilidad y esos individuos tenemos que volvernos comunidad, y obligar, de manera comunitaria, a las autoridades a recuperar estos elementos. Las políticas públicas deben estar orientadas a recuperar el tejido social, confiar y a ser partícipes de esto". 

La Iglesia, dijo, "también juega un papel importante. Me ha tocado ver, sobre todo en los últimos años que ha querido recuperar esta tradición, Por ejemplo, en Ciudad Neza, es la Iglesia la que está  promoviendo estas posadas y dentro de la misa se pide el apoyo para realizarlas, y se pide que se organice por calles, pero en este caso tiene que ver que no son departamentos, son casas grandes donde hay un patio que puede recibir a un número mayor de invitados que puedan romper la piñata, aunque sea en la calle, a diferencia de la unidad habitacional donde no puedes partir la piñata o no tienes espacio para colocar a los peregrinos en esos departamentos pequeños".

La antropóloga, Amparo Rincón Pérez destacó el carácter festivo de los mexicanos, pues "la fiesta nos cohesiona como sociedad, como país; México es un país fiestero, festeja todo, pretexto buscamos para celebrar y tenemos un calendario ritual muy rico, muy amplio que me parece es muy importante que las autoridades recuperen y que no se vea sólo como negocio". 

La historia de las posadas

De acuerdo con el texto "Navidades mexicanas", de Sonia C. Iglesias y Cabrera, el origen de las posadas se puede remontar a la llamadas Misas de Aguinaldo, las cuales comenzaron a celebrarse en el año de 1587 en el poblado de San Agustín de Acolman, en el actual Estado de México, en donde se comprendía un periodo de nueve días previos a la celebración de la Noche Buena, lo que simboliza los nueve meses de embarazo de la Virgen María.

Como se menciona en el texto, hay que destacar el sincretismo que estas misas de aguinaldo tuvieron con los ritos prehispánicos, pues por las mismas fechas de hacían las fiestas al dios tutelar, Huitzilopochtli, pues aquí también existía un periodo de nueve días en el que se preparaba a los esclavos que serían sacrificados en honor del dios.

Estas Misas de Aguinaldo, donde se cantaban villancicos alusivos al nacimiento de Jesús y se rompía la piñata, fueron transformándose poco a poco en las conocidas posadas y cedieron su carácter netamente religioso a uno más flexible que combinaba lo sacro con lo profano, incluso fueron dejando su espacio de celebración de los atrios a las calles y hogares de las familias mexicanas.

Según Sonia C. Iglesias, la estructura de una posada tradicional es la siguiente: "se canta la posada -lo que incluye el canto de la letanía, la procesión, pedir y otorgar posada-, se reparten luces de bengala, cohetes, buscapiés y silbatos y, antes de dar paso al baile que culmina la fiesta, se cuelga y se rompe la piñata". En algunas casos se incluye el rezo del Rosario y también se dan bolsitas de dulces a los niños que, todavía, se les conoce como aguinaldos. El ponche y otros bocadillos también forman parte del festejo.
 

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