Niños de Oaxaca y coro de Francia se unen por una causa

  •  Niños de Oaxaca y coro de Francia se unen por una causa

    Foto: Luis E. Flores

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    Foto: Luis E. Flores

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    Foto: Luis E. Flores

En un ambiente festivo, niños de Oaxaca, pertenecientes a la Orquesta Infantil y Juvenil Santa Cecilia, se reunieron con el Coro de Air France en el ensayo previo al primero de los conciertos a beneficio de la escuela de Música del mismo nombre, el cual se llevará a cabo este jueves 19 de abril en el Auditorio Blas Galindo, del Centro Nacional de las Artes (Cenart), en la Ciudad de México.

Visiblemente emocionados y un poco nerviosos, los pequeños se reunieron con los 80 integrantes del Coro de Air France, quienes, de forma voluntaria, decidieron viajar a México para apoyar la causa de la escuela y la orquesta musical iniciada en el 2011 en la colonia Vicente Guerrero, en Zaachila, Oaxaca.

Aunque el idioma es distinto, no fue impedimento para que franceses y mexicanos realizaran este intercambio cultural donde el lenguaje más importante es la música.

 

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Las actividades comenzaron con las presentaciones correspondientes y las palabras de aliento de Isabelle de Boves, piloto de Air France y promotora de esta causa musical, cuyo impulso ha resultado clave para que la agrupación musical de niños exista.

Posteriormente, el coro y orquesta salieron a convivir a las áreas verdes del Cenart, frente a la Sala Blas Galindo.

Camerino López Manzano, Director de la Escuela de Iniciación Musical santa Cecilia, Oaxaca comentó para México Nueva Era que para ellos, como escuela y coro, estos dos conciertos representan algo emocionante, y al mismo tiempo un gran reto y una responsabilidad enorme.

"Desde que supimos que tocaríamos en la Ciudad de México con el Coro de Air France me puse a temblar,  pero empezamos a trabajar con la orquesta sinfónica, empezamos a armar obras sencillas, y a principios de enero comenzamos con la programación de este concierto. Iniciamos con La Quinta Sinfonía de Beethoven que realmente es una obra muy complicada para el tiempo que los niños llevan. Tuvimos que ensayar casi ocho horas al día y los niños nos respondieron y dijeron 'vamos a entrarle a estudiar tantas horas', cosa que en otro caso no no lo soportan".

El joven Carlos Alberto Santos Díaz, oboísta de la orquesta, nos platicó que su participación en esta agrupación le ha significado en su corta vida un cambio repentino pues todo empezó con una banda de música, "un proyecto pequeño, y después fue avanzando hasta integrarse con lo que fue cuerdas, alientos, instrumentos que eran desconocidos para nosotros, por ejemplo, el oboe, mi instrumento; yo tocaba clarinete y desde que empecé con el oboe se sintió una vibra diferente, ya que una orquesta se siente más la armonía, pues es un trabajo seccional demasiado alegre".

Para este chico, la orquesta no sólo significa una experiencia de vida, sino que también ha significado para su comunidad -ubicada junto al basurero municipal de Oaxaca, que además está catalogada como un barrio violento y cuna de vandalismo- "un pase más para alejar a jóvenes de un futuro desagradable y pasar a uno que puede ayudarnos a una vida mejor".

Es su caso, pues recientemente participó en una audición para formar parte de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, concurso que ganó entre distintos postulantes nacionales e internacionales, y ahora está contratado en esta orquesta, además de seguir con sus compañeros que lo han visto crecer.
Por su parte, la pequeña Mabel, cuyo instrumento es el violín, el cual empezó a tocar desde los 7 años, nos compartió su emoción de estar en la Ciudad de México para participar en este concierto.

"Sólo había venido una vez y estuve con mi familia; esta es la primera vez que salgo sin ellos y disfruto cosas nuevas. Socializo más con las personas, y es muy buena esta experiencia, pues puedes sacar algo de provecho, al igual que mis compañeros. Es algo muy divertido y emocionante estar tocando en un concierto y con un coro".

Después de un breve refrigerio que compartieron los integrantes del coro, los niños, algunos de sus padres y los medios de comunicación, la disciplina francesa y oaxaqueña dieron el último llamado para pasar a la sala e iniciar el ensayo donde, por primera vez, y esperemos que no sea la última, la Orquesta Infantil y Juvenil Santa Cecilia y el Coro de Air France tocaron y cantaron juntos, y los afortunados que pudimos estar en este acto, disfrutamos como si ya fuera la noche de ese magno concierto, sobre todo cuando la música y las voces se unieron para interpretar una de las piezas emblemáticas del estado de Oaxaca: "Dios nunca muere". Que tampoco la música y las buenas voluntades mueran; lo necesitamos.

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