Desfile de Día de Muertos celebró la diversidad

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    Foto: Internet

Con la asistencia de más de 2 millones de personas, de acuerdo con cifras oficiales; la participación de mil 50 voluntarios; 200 personas entre equipo creativo, de producción y maquillaje; cuatro carros monumentales, 18 marionetas gigantes, 4 Estados de la República como invitados y una longitud de casi un kilómetro, la Tercera Edición del Desfile de Día de Muertos 2018 marcó el inicio de los festejos en la capital del país por esta tradición que en el 2008 fue declarada como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Bajo el tema de "Migraciones y Exilios", la tarde del 27 de octubre, el desfile celebró la diversidad con un recorrido que inició en la Estela de Luz y llegó hasta el Zócalo Capitalino.

La caravana estuvo dividida en tres sub segmentos: "Prehispánico", "Tradición" y "Futuro", en donde el colorido y el ingenio, tanto de personajes como de estructuras y carros alegóricos, divirtieron a los asistentes a este cortejo mortuorio.

 

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La travesura de Tlaloc

El desfile comenzaría pasadas las 4 de la tarde, pero desde el medio día, la gente llegaba para apostarse en primera fila junto a las vallas metálicas colocadas a lo largo de la ruta marcada.

Miles de niños, acompañados de sus padres, eran el público que más se encontraba a la expectativa y aunque fueron muchas horas de espera y aburrimiento, aguantaron estoicos el calor y al dios Tlaloc, quien, con su lluvia intermitente, parecía querer hacer la maldad de que el desfile estuviera pasado por agua, pero al final, otorgó su venía para que éste se desarrollara sin mayor contratiempo.

La convocatoria a este espectáculo masivo invitaba a los asistentes a que se caracterizaran como calaveras para honrar la obra de José Guadalupe Posadas y, como ya se va haciendo costumbre, cientos de adultos y niños respondieron con los más ingeniosos disfraces y maquillajes que iban desde la pinta sencilla en el rostro hasta el más elaborado atuendo de catrina y catrin; incluso había muchos pequeños disfrazados de Miguel, el personaje de la película "Coco", de Disney, tan de moda en estos tiempos.

"Hay niños, hay niños"

Alrededor de las 18:00 horas, cuando el contingente aún no pasaba sobre la Avenida Juárez, a la altura del Hemiciclo del mismo nombre, la gente ya no podía avanzar por las banquetas de la vialidad; era tal la cantidad de personas, que el flujo por la acera sur se tornó caótico por un instante, sobre todo porque el templete dispuesto para la prensa y la carpa de la casilla receptora de la consulta por el nuevo aeropuerto limitaban el espacio para los transeúntes que, justo a su paso por el Ex-Templo de Corpus Christi, formaban un tapón que algún voluntario con voz en cuello trataba de destapar, fue cuando se escucharon varios gritos de "hay niños, hay niños, no empujen".

Por fortuna no pasó del susto; la civilidad se impuso aunque la gente quería seguir pasando de ida y vuelta por ese punto. 

Al fin, pasadas las 6 de la tarde y después de que los asistentes tapizaran las banquetas con paraguas multicolores en más de un par de ocasiones, la vanguardia del contingente de dejó ver a la altura de la calle de Balderas; era cuestión de minutos para que el tan esperado desfile pasara frente al  cenotafio que honra la memoria de Benito Juárez.

Como resortes, los niños recobraron el ánimo y emocionados, muchos de ellos, se treparon en los hombros de sus padres, los más osados se encaramaron en las casetas telefónicas o en los puestos de revista metálicos; todo para poder observar mejor a los contingentes.

La muerte pasada, presente y futura

 

Como en "Cuento de Navidad", de Charles Dickens, el desfile se dividió en tres partes para hablar de la tradición que como pueblo le rendimos a la muerte.

El segmento "México Prehispánico" representó el origen de esta celebración con los ya conocidos dioses del inframundo: Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl. 

El tema de la migración y el exilio se vio reflejado con dos cuadros alusivos al mito de la peregrinación que hicieran los mexicas desde las lejanas tierras del norte, en Aztlan, hasta el lago de Texcoco donde encontraron la señal que el dios les había prometido.

Pero los que se llevaron la ovación más grande respecto de la cosmovisión mesoamericana, fueron los carros alegóricos del Xoloitzcuintle, un gran perro de colores fosforesentes que era tirado y movido por una grúa, así como el del "Huey Tzompantli", un gran camión con varias personas vestidas de calavera que representaron los cráneos clavados en estacas a la usanza mexica.

En el segmento de "Cultura y Tradición", destacaron las marionetas gigantes con forma de calaveras, así como casi una veintena de personajes famosos de nuestra cultura popular como Chavela Vargas, García Márquez, Cantinflas, Frida y Diego, María Félix, El Santo, Juan Gabriel, los Revolucionarios, entre otros.

Aquí participaron por vez primera cuatro Estados de la República: Aguas Calientes, San Luis Potosí, Oaxaca y Michoacán, pueblos con mucha tradición mortuoria que los espectadores pudieron apreciar a través de sus diferentes cuadros y personajes.

Las Mariposas Monarcas con su característico color cempasúchil, las Calaveras Fridas Rodantes, las Calaveras Novios, la fiesta del Xantolo y el altar tradicional del Itsmo de Tehuantepec, así como el apartado de "Ciudad Diversa" en donde estuvieron representados los migrantes de otros países que eligieron México como su segunda patria fueron de los cuadros más admirados por la gente.

En cuanto al segmento de "Arte, Tecnología y Futuro," el carro monumental de Frida Kahlo recostada en su cama, fue, quizás, el más aplaudido en todo el desfile, lo que demuestra que la imagen de la pintora, no sólo ha trascendido fronteras, sino que está arraigada e identificada en nuestro imaginario popular.

Las marionetas gigantes de Las Lloronas y los Luchadores Guardianes, así como las calaveras galácticas y los jóvenes de la comparsa de las llamadas tribus urbanas, complementaron este desfile que a la mayoría de los asistentes dejó con un buen sabor de boca.

Honor a quien honor merece

Una vez que los contingentes pasaban por los puntos significativos del recorrido, en la retaguardia, como fieles custodios de la limpieza, el personal del departamento de limpia de la Ciudad de México barría a velocidad exprés las calles por donde la caravana iba pasando, lo que era reconocido con una fuerte ovación por parte del público que agradecía su trabajo.

Después de las 19:00 horas y cuando la noche comenzaba a cubrir con su manto de un cielo todavía nublado, el desfile había terminado en su tramo de Avenida Juárez y se encaminaba presto a su destino final, el Zócalo Capitalino donde un mayor número de personas lo esperaban.

La vallas de la vialidad fueron retiradas, lo que provocó que las aceras se descongestionaran y la gente tomara rumbo por los cuatro puntos cardinales con la satisfacción de haber estado en el ya afamado Desfile del Día de Muertos. 

Tlaloc volvía a amenazar con hacer llorar el cielo, así que, como dicta la conseja popular que al unísono pensamos: aquí se rompió una caravana y cada quien a su morada...

 

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