Crece en Metro segregación y violencia femenina

  • Crece en Metro segregación y violencia femenina

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Viajemos seguras entre la segregación masculina y la efervescencia de una violencia femenina que no ha aniquilado el fenómeno de acoso sexual en el Sistema del Trasporte Colectivo Metro donde diariamente circulan, entre sus 12 líneas de servicio, millones de mujeres y hombres.

Y es que han pasado 10 años del programa “Viajemos Seguras en el Trasporte Público en la Ciudad de México” con los gobiernos de izquierda (PRD), pero las estadísticas demuestran que el acoso sexual hacia las féminas es una constante y del cual, ahora, no se escapan los hombres.

Sustentado en dato duro y en la experiencia de viajar en este servicio de Trasporte Colectivo así como de recabar testimoniales, se demuestra que los impactos producidos por el programa “Viajemos Seguras en el Trasporte Público en la Ciudad de México”, que implicó la separación de vagones entre hombres y mujeres en el Metro, aumentó la violencia física entre féminas; se redujo, en algo, el acoso sexual, pero no así la precepción de inseguridad generalizada.

 

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De acuerdo a la evaluación de impacto del programa antes citado, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, en 2017, que se aplicó a 4 mil 029 personas de las que 2 mil 802 fueron mujeres y mil 227 hombres, la separación de vagones, la cual actualmente es de tres vagones por convoy, es para las mujeres una decisión positiva para viajar y reducir la incidencia de acoso sexual, sin embargo aumentó la violencia física entre mujeres.

La realidad lleva a que tras la operación de este programa, los niveles de violencia física se incrementaron, la segregación varonil se evidenció y existe una “cifra negra” de la criminalidad, es decir, todos aquellos actos de violencia que no son objeto de denuncia oficial en el marco de la convivencia de las mujeres en este servicio de transporte público.

Se demostró que además existen nodos de traslado es decir instalaciones de acceso, estaciones de Metro, paradas de autobuses, en las que se concentran grandes flujos de usuarios y se convierten en lugares propensos para el delito y la violencia física y por tanto una situación potencial de riesgo e inseguridad para las mujeres.

Si bien el resultado del estudio del Banco Interamericano de Desarrollo constata que los resultados no han sido los deseados para disminuir el acoso sexual en las más de 12 líneas del STC Metro, también es verdad que ante la aglomeración de personas se facilita el comportamiento inapropiado y la cercanía excesiva entre personas lo que llega  a generar agresiones físicas hasta diversas manifestaciones de violencia sexual.

Por tanto los datos duros de dicho análisis sobre inseguridad y violencia, incluida la sexual por razones de genero detallan que ocho de cada 10 usuarias consideran que el Metro es inseguro y siete de cada diez mujeres afirman tener miedo de ser agredidas sexualmente al usarlo, pero no detalla que en la realidad muchas mujeres abandonan los vagones destinados para su seguridad y se trasladan a los vagones restantes donde la población mayoritaria, en horas pico, son hombres.

De esta manera, con la implementación de tres vagones exclusivos por tren, en ocho líneas que suman un total de 102 estaciones, de lunes a viernes, con horarios establecidos, e incluidos algunos sábados, el acoso sexual persiste, la violencia física va en aumento y la segregación varonil es ya una realidad.

Los principales problemas de este programa son los horarios, el que se dé solo en algunas estaciones del Metro, la demanda del servicio, la escases de policías para garantizar la seguridad y la deficiencia en los mecanismos de separación como son las vayas naranjas, las puertas de acrílico, las marcas en el suelo o los letreros.

Tras analizar el documento denominado evaluación del impacto del programa “Viajemos Seguras en el Trasporte Público en la Ciudad de México” del BID, mujeres y hombres expresaron haber sido víctimas de violencia física pero también de haber padecido la violencia sexual aunque la incidencia es mayor en mujeres.

Por ello, México Nueva Era “Periodismo Digital de Vanguardia”, se dio a la tarea de observar algunos trayectos en hora pico del Trasporte Colectivo Metro y más allá de las estadísticas que arrojan documentos oficiales se recabaron testimoniales del día a día de usuarias y usuarios, sin distinción de profesión, edad, ingreso o preferencia sexual.

En el Sistema del Trasporte Colectivo Metro así como ya sucede en el Metrobús la segregación  varonil es una constante ya que bajo el argumento de acoso sexual la mujer llega hacer uso y abuso de su condición resultado de su falta de educación cívica, de su tolerancia e idiosincrasia pues es una realidad que en ocasiones, a conveniencia, hacen uso de los espacios destinados a varones  y cuando el traslado no es a fin a sus intereses, optan por utilizar los vagones asignados a las féminas, pero si encuentran a un varón en su interior o haciendo uso de una asiento, casi “lo linchan”.

Lo anterior no deja de lado las acciones ofensivas violentas, denigrantes y faltas de educación entre las propias mujeres, bajo el pretexto de la aglomeración en el servicio.

Por ello para Tania Solis, estudiante universitaria de 22 años, es un tormento viajar en el vagón de las mujeres ya que asegura “los insultos y agresiones se han agudizado en este trasporte”.

Con mochila al hombro y presurosa por llegar a sus clases, rememora que “en una ocasión venía el Metro muy lleno, íbamos todas muy apachurradas y con el movimiento empujé una señora, me volteó a ver feo y comenzó a insultarme. Me dijo ‘fíjate pinche vieja’. No le respondí nada, preferí bajarme del vagón y pasarme al de los hombres”.

Situación similar ha vivido Angélica Soriano, quien para trasladarse a su trabajo, a una empresa radiofónica comentó que de acuerdo a las circunstancias utiliza tanto el vagón mixto como el exclusivo para mujeres y aun así no se ha escapado de la violencia física y sexual, de tal suerte que también dice haber reaccionado violentamente en su defensa.

Mientras espera en la estación Niños Héroes, de la Línea 3 que corre de Indios Verdes a Universidad, la llegada del convoy que la llevará a su destino, aseguró que “las peleas son cotidianas y difíciles de evitar ya que es común la falta de empatía en el traslado, no te permiten pasar, no bajan la bolsa o se ponen duras, sumado a que el espacio es insuficiente y que el servicio del Metro es deficiente”.

SI bien la división de vagones en el convoy representa para un segmento de la  población masculina una segregación, no todos opinan igual. Miguel Padilla quien en medio de su jornada de trabajo recogió a su hijo de la escuela, opinó que  la separación de trenes es una buena medida para proteger a las mujeres, pero  ésta no  termino con la violencia pues siempre surgen problemas, peleas y robos sin importar si es el vagón de mujeres u hombres. 

En espera de abordar el convoy, al fondo del andén de la estación Bellas Artes, ya listo para irse de antro a la Zona Rosa, Omar Martínez también habló sobre la segregación de la cual dijo que probablemente esta medida disminuyó el número de acosos hacia la mujer pero la solución de fondo, real sería el respeto entre los usuarios, sin importar género o condición sexual así como  que el servicio del Metro sea más eficiente para evitar que los trenes se congestionen.

Las vivencias son varias y no difieren mucho de las cifras que reporta el BID en el estudio señalado con anterioridad donde el 25 por ciento de las mujeres declararon haber experimentado algún tipo de violencia física durante su último trayecto mientras que 21 por ciento de los hombres reportó el mismo problema. En ambos casos los empujones son el tipo de violencia física más experimentada.

Como vemos, el problema no se resuelve con juntar a un solo género para evitar acoso sexual ya que se crean nuevos fenómenos violentos en el comportamiento de los usuarios más allá de que si son hombres o mujeres. Los altercados cotidianos no se denuncian por temor a perder el tiempo y  prefieren “tragar saliva” y olvidar el incidente.

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